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jácaras reales

Música

Los otros

A pesar de que los nombres que salen en los créditos concuerden, es complicado confundir a los unos y con los otros. A éstos los acabo de descubrir y practican algo así como la medicina de la música. Necesario tantas veces sería aplicarlos en la actualidad. El cartoon es de 1932.

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My favorite things

My favorite things

Este tema lo comenzó a cantar Julie Andrews (o antes Mary Martin en teatro), lo versionaron Diana Ross y las Supremes y lo inmortalizó John Coltrane en una obra maestra.

Sweet Baby James

Sweet Baby James

Fire and rain cuenta una terrible adicción que James Taylor tenía desde los 18 años. Creo que la compuso en Mallorca, intentando olvidarse de todo.

Hace años ya que James Taylor pasó a formar parte de la pléyade de artistas que sólo circulan por circuitos reducidos, audiencias que se cuentan por casi una centena, en locales que en cine se llamarían de arte y ensayo. Ignoro si en algún momento de su vida alguna vez James Taylor habrá sido uno de ésos que catalizan multitudes, estadios abarrotados o alguna plaza de toros. Me da a mí que no. ¿A alguien le suena realmente hoy el nombre de James Taylor?

Allá por los años en que empezaba a imponerse el Cd, de James Taylor conocía las dos o tres canciones que había escuchado por la radio, a saber en qué momento underground del dial. Dos o tres canciones que me fueron suficientes argumentos para que, cuando empezó la cosa del Cd, me lanzara a por uno, a por dos y a por tres Cds de James Taylor. Como pronto, me imagino, el soporte Cd pasará a convertirse en una reliquia objeto de coleccionista, los discos que me compré a principios de los años 90 los tengo guardados en buen recaudo.


Garllington Bar

Garllington Bar

Es un disco de los que ya no se ven. Y si mañana viniera un coleccionista cualquiera y me ofreciera el oro y el moro, le diría a todos que no, que ese disco de 78 revoluciones no se lo vendo ni al mejor postor. Quizá tenga algo que ver que ese disco está cantado por Carlos Gardel.

En una de las cuatro películas que llevo vistas hoy, en las paredes del café donde se reúnen un grupo de porteños cuarentones hay fotografías de Gardel, de jazz, de Ben Webster y de Duke Ellington. Igual que a mí, al dueño del café le gusta el tango y le gusta Duke Ellington y Carlos Gardel.

En ese disco de otras revoluciones que nunca venderé suenan a su manera dos canciones de Gardel. La cara A es Tomo y obligo. ¿Alguien tiene gramófono?


La madre del invento

La madre del invento

Hace diez años tenía que hacerme con el paradero de algunos músicos que se atrevían a hacer jazz en esta bendita ciudad. Mi recorrido acabó en una tienda escondida en un pasaje de una céntrica calle de la misma bendita ciudad. No podía estar de otra manera, así de oculta y de recóndita, esta tienda que todavía espero que se dedique a esas nuevas músicas. La cuestión es que a la espera de que me atendieran (el dueño de la tienda hablando con un cliente delante de mí), esto vino a ser con lo que me quedé:

“Una vez que lo escuchas, ya casi no quieres escuchar ni te quedan ganas para escuchar ninguna otra cosa más”.

El dueño, que tenía claras muestras pegadas en la pared de que era íntimo de Trecet, se refería a Zappa. Frank Zappa. Han pasado diez años y he de confesar que en estos diez años he podido pero no he querido o no he sabido ponerme con Zappa. Ni siquiera he vuelto a ir a la tienda escondida, mejor recogida, en un pasaje de una céntrica calle de mi ciudad. Pero lo que sí estoy haciendo, o mejor he comenzado a hacer, es ponerme al día con esas injustificables asignaturas pendientes de las que uno siempre tiene vergüenza de confesar.


Lejos del mundanal ruido

Lejos del mundanal ruido

Sólo por que el belga éste lograba reunir en un teatro a la audiencia burguesa blanco de sus letras, o porque me temo que el chico anda bastante olvidado en los tiempos que corren, o porque escribiera que no le importaba ser “l’ombre de ton chien” tras rogarle a su chica de mil y un maneras que no le abandonara, o porque pasó de todo y se dejó la música cuando le dio la soberana gana, o porque me adelanto a que el año que viene todo Cristo dirá que el belga éste dejó de avivarnos las conciencias hace 30 años, o porque a mí me da la soberana y real gana de acordarme de él. Sin venir mucho a cuento.

O porque le enterraron al lado justo de la tumba de Paul Gauguin, allá por la Polinesia desde donde le dio por mandar a todos a tomar por el culo, allí lejos del mundanal ruido.


Monsters of rock

Monsters of rock

En el octubre del 88, cuando todavía había que comprar los discos a 33 revoluciones, me compré tres discos que eran tres asignaturas que tenía pendientes: el obligatorio recopilatorio del Rey, un fenomenal doble para conocer quién demonios fue Sam Cooke y la reedición que su esposa hizo del Imagine de John Lennon. Junto a estos tres incunables, que por ahí conservo como el oro que se guarda en paño, me compré un disco que en su tiempo pasó prácticamente desapercibido. Era de un grupo, el grupo eran cinco, y viendo ahora y entonces quiénes eran los cinco por cojones que tenía que comprarme ese disco.

 

Por aquella época andaba yo descubriendo esa maravilla del Only the lonely de Roy Orbison. De siempre me habían llegado al alma las melodías de la Electric Light Orchestra de Jeff Lyne, entre otros. Creo que la máxima razón de que me comprara el disco fue que estaba George Harrison, el tercer hombre. También el Príncipe de Asturias Bob Dylan y un tipo que no conocía del todo, que era Tom Petty. Los cinco se hacían llamar los Traveling Wilburys.

 

Acaban de reeditar los dos discos que en dos años sacaron los Traveling Wilburys y me he enterado de que son número 1 en Inglaterra, creo. Cuando sacaron el segundo disco en el año 90 había cinco o seis canciones que me ponía todos los días a la misma hora for sentimental reasons. Cuando sacaron el segundo disco, Roy Orbison ya se había muerto. Cuando sacaron el primero, Roy Orbison también estaba muerto, y en el video clip del segundo single del 88, cuando canta Roy Orbison enfocan a una mecedora vacía balanceándose.

 

En el primer disco había una historieta en inglés que hablaba de los imaginarios orígenes del grupo. Nunca la llegué a comprender. En el primer disco los cinco monstruos se pusieron unos alias para completar la coña: sin mirar el disco que tengo a buen recaudo, me acuerdo de algunos nombres: Lefty, Otis. Los miro: Lucky, Otis, Charlie T., Nelson y Lefty. Todos se apellidaban Wilbury. En uno de esos mil y un premios de música que dan al año los americanos, de los que no tengo ni idea si seguirán o no, les dieron el premio al mejor álbum del año. En el segundo disco los cuatro jinetes que sobrevivieron se pusieron unos apodos distintos. Había también otra historieta, que llegué a entender a duras penas.

En el segundo disco se llamaban Spike, Muddy, Clayton y Boo. Faltaba Otis.

Descubriendo a Amy

Descubriendo a Amy

Amy es inglesa y no tiene más de 23 años. Hoy es la primera vez que oigo hablar de ella, pero no la primera vez que la escucho porque Amy cantaba una versión de una maravillosa canción de Carole King y de las Shirelles en la horrorosa  segunda parte del diario de Bridget Jones. Por lo que veo sólo le ha dado tiempo a grabar dos discos. Si quisiera, le podría hacer algún paralelo con Norah Jones. Si quisiera, porque la música que hace tampoco es que tenga mucho que ver. Y además, no me da la gana.

Me recuerda a mucha gente y a muchos nombres, lo cual puede denotar que todavía anda buscando su estilo. Tiene lo que tiene una cara cuando hace que mire mucho a una cara. A veces me recuerda descaradamente a la Tamla Motown. Y como a mí me gustan bastante los chicos y sobre todo las chicas de la Tamla Motown, Amy Winehouse me despierta las sensaciones que me despiertan todas esas canciones que contienen tanta alma.

¿No se parece? (II)

¿No se parece? (II)

Primero quiero que oigáis estas dos.

La primera vez que oí ésta, me la oía y me la repetía con ganas junto a las demás canciones que tenía en la misma cinta. Aquellos años, Radio 80.También estaba Aretha Franklin, Otis Redding y algún que otro instrumental. Viven igual que antes, oídas ahora estas canciones veinte años después. Al poco tiempo me vendrían las chicas y los chicos de la Tamla Motown. Pero eso es otra historia.

La primera vez que oí ésta, agosto del año 88, me compré el álbum rojo y el álbum azul dobles del grupo que canta esta canción. Ésta iba en el segundo disco del álbum azul doble del grupo que canta esta canción que me compré. Desde entonces soy bastante parcial cuando hablo de estos chicos.

Y ésta es del año 94. Suena en Pret-â-porter, aquella película olvidable de Robert Altman si no es porque la cosa terminaba en un desfile de moda bastante natural. Lo otro que se salva de la película es Julia Roberts, aunque sale muy poco, y la presencia de alguna que otra actriz más. También sale Forest Whitaker, y hay una secuencia en la que Sophia y Marcello homenajean una película suya anterior. Pero nada.



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Escuchad y juzgad.

¿No se parece?

¿No se parece?

La primera vez que vi lo de los parecidos razonables fue el día que el Fotogramas dijo que Mercedes McCambridge era clavadita a Arantxa Sánchez Vicario. Ahora todo el mundo le encuentra parecidos razonables a todo el mundo, pero aquello era del extra julio-agosto de 1989.

Los parecidos razonables no sólo se reducen al parecido físico. Puede haber parecidos más que razonables cuando en tu vida diaria tienes una idea que ya ha tenido otra persona, cuando ves un plano en una película que te recuerda sospechosamente a otra película. Y también puede haber parecidos razonables en algunas canciones. En algún sitio llaman a eso de otra manera, pero tampoco vamos aquí a marear la perdiz. Mareadla vosotros escuchando estos dos temas, el primero de Cole Porter y el segundo, posterior en el tiempo, de Nacio Herb Brown.




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Kabarett

Kabarett

Hasta hace poco no me había visto todavía El ángel azul y mira que habré visto veces la foto famosa de las piernas de Lola. La verdad es que es de esas películas que no sabes si ya la habías visto o no hasta que la ves. Y no la había visto, no. Y ciertamente que me sorprendió. Las que no me sorprendieron fueron las piernas de Marlene, de Lola, quiero decir. Y la verdad es que a veces a mí Marlene me parece una mala actriz. Me parece mejor en fotografía que cuando habla, salvo haciendo de Lola o de Testigo de cargo. No sé si era buena actriz o no. Como mito está muy bien. Y quién la viera de kabarettera antes de.

Lo cierto es que quiero hablar de cabaret, y de otra mujer. Al igual que Lola, una mujer de cabaret. Juliette Greco, una de las primeras novias que debió tener Miles Davis en Europa. Juliette Greco también canta el cabaret pero en francés. Bueno, más que cantar, las actúa, las canciones. Cosa que es preferible en cabaret. ¿Os gusta también Ute Lemper? Me sigo quedando con Bilbao. Quien quiera que la cante.

Quería saber la razón por la que Miles se enamoró de Greco. Y me ha parecido averiguarlo escuchándole su tono de voz. Sólo quería saberlo.

Revolución

Revolución

Hay canciones que nos gustan pero que parecen abocadas a formar parte del secreto de sumario, porque de conocer alguien que nos gusta alguna, corremos el grave riesgo de salir literalmente a gorrazos. Y no es por nosotros, que en el fondo nos gusta que nos llamen raros por que nos gusten esas canciones. A mí me da lo mismo lo que piensen si me gusta Sapore di sale, la voz de Mina, Nicola di Bari. Isabel Coixet  rescató para su Mi vida sin mí el Senza fine de Gino Paoli. El Sapore di sale que me gusta a mí es el de Gino Paoli. Todo será por el encanto. Me la pela. De Mina el primer recuerdo que tengo es el peinado made in 70 que lucía en la contraportada de un LP de 33. LP que me preciaré en conservar contra viento, marea o tempestad. Recordando a Carlos Gardel, Orquesta Rosario Pampa. Los discos Belter. Fernando León dice que en su casa de pequeño había un disco de Stèphane Grappelli que nunca pudo escuchar hasta que se compraron un tocadiscos o se lo arreglaron, no sé. El caso es que luego puso la música en Familia. El tocadiscos que tenía yo se cerraba igual que un maletín, un día lo llevaron a arreglar y ya no lo volvimos a ver más. Los discos Belter los regalaba Fundador, creo. O el Danone. El disco que tengo en mis manos de Gardel debe ser bastante antiguo. Tiene 78 revoluciones.

Angelitos negros

Angelitos negros

A vueltas con Sam Cooke. Sam Cooke fue un tipo que acabó mal pero que muy mal la cosa. De los primeros discos que me compré en vinilo fue uno doble con su música. El que estoy escuchando ahora tiene un coro de fondo. Sam Cooke tenía un padre reverendo, o algo así. Sam Cooke fue amigo de Cassius Clay cuando Cassius Clay todavía no era Mohamed Ali. Era negro y tenía una voz, el tío. De bonita dudo que los ángeles la tengan igual. Lo que pasa con Sam Cooke, que no soy imparcial porque me gusta bastante. Que digo yo que esto de la música negra es como levantar una piedra, que mira que habrá gente que aquí no conocemos que igual canta mejor que los que conocemos, que vete tú a saber el nombre de los del coro que estoy escuchando, que éstos parecen ya los mismísimos ángeles. No sé por qué me viene a la cabeza ahora aquella película de los hnos. Coen y del George Clooney. 

Bessie Smith, por ejemplo, que supo vivir su vida mejor que nadie (parece ser que lo mismo con hombres que con mujeres), pues igual era la punta de lanzamiento de tantos y tantos alumbrados a la sombra de las plantaciones, pero claro, Bessie era Bessie, la mejor. Ay, ese blues, que no escondía ningún secreto para ella. Quizá vivió en el momento equivocado. Lo que es seguro que murió demasiado pronto, como siempre pasa, la Bessie.

Mi primera amiga

Mi primera amiga

Carole King. Hay dos Carole King. La que vi en la portada del Tapestry y la Carole King de otras fotos en las que parece que no sea Carole King y que sea otra persona. Carole King me gustó mucho en la portada del Tapestry y me quedo con ésa. Que sale con un gato. Hay más Carole King. La Carole King de los 60 y Carole King de los 70. La Carole King de los 60 la conocía antes que la de los 70 sin saberlo. Porque la Carole King de los 60 era la compositora del Will you still love tomorrow de las Shirelles, que es otra de esas canciones que, desde que la escuché, tengo prohibidas. Lo peor de todo es cuando conocí a la segunda Carole King, la de los 70 y el Tapestry, que es cuando se decidió a cantar. Y la muy jodida cantó la del Will you still love tomorrow y entonces me di cuenta de que ad aeternum tampoco podría escuchar esta versión. Yo creía que el Like a natural woman, cantado por Aretha Franklin, no tenía parangón, hasta que escuché a Carole King, que era la que había compuesto la canción. Me gustó mucho cuando en un episodio de Murphy Brown Candice Bergen y Aretha Franklin cantaron esa canción.

 

El You’ve got a friend, que también compuso Carole King, ahí lo prefiero por James Taylor. Por muy poco. El Tapestry yo no sé cuánto tiempo estuvo en listas. Años, varios. James Taylor colabora en el disco del Tapestry. Carole King me recuerda muchas cosas, gentes y momentos. Me recuerda a Aquellos maravillosos años y me recuerda hasta qué punto alguien puede ser tan necesario. Y tan puñetera.

Otra cosa que me gusta es que el Tapestry es de 1971.

Con alma

Con alma

Marvin Gaye es el cantante que hoy digo que es la mejor manera de pasar un buen rato. El domingo fue Aretha Franklin y su Like a natural woman, y mañana igual el Sad song de Otis Redding. Pero hoy es Marvin Gaye y su Let’s get it on. No me olvido de su Mercy, mercy, mercy, ni de su What’s goin’ on. Sí de Sexual healings, que nunca me ha gustado. Acabó muy mal Marvin Gaye. En Hustle and flow suena la canción que ha ganado este año el Óscar a la mejor canción. Es un rap que viene a decir lo difícil que es la vida de un chulo. O proxeneta. En Hustle and flow hay rap, pero también clásicos del soul de los 70. Marvin Gaye no suena pero sí Al Green. Además salen unas señoras estupendas.

En Hustle and flow sale Terrence Howard, que también sale en Crash, y canta el rap que no quiso cantar en la ceremonia de los Óscar. También sale Isaac Hayes, que cantó en los 70 el tema de Shaft. El soul y/o la Motown me gustan más por su encanto en los 60, pero la de los 70 tiene otro tipo de canciones. No creo que me haga seguidor del rap después de ver Hustle and flow, aunque no me haya molestado ver el rap en la película, y hasta me haya hecho gracia la canción del chulo o proxeneta. Terrence Howard interpreta a un chulo o proxeneta de una señora estupenda. Lo que he hecho es echar mano de Marvin Gaye. Si me lo preguntan ahora, Let’s get it on es hoy día la mejor canción de los 70.

Bilbao song

Bilbao song

La versión que digo la canta Lotte Lenya. La puede cantar también Ute Lemper, pero mejor que la cante Lotte Lenya. Música de cabaret alemán de los finales 20. De papá Weill y papá Brecht. La que utiliza para su película Bigas Luna, la que tiene el mismo nombre que la por entonces periodista Isabel Pisano en la película. La letra de la canción es para nosotros incomprensible. Lo es tanto que creo que ahí radica uno de sus mayores encantos. Sí, definitivamente que la cante Lotte, con esa voz que revela tanto y que sugiere todavía más.

Desde que oí la canción en 1987 hasta hoy, me invade todavía la misma sensación. Que la estoy oyendo oculto entre bambalinas mientras Lotte o una sosias de Lotte la interpretan ante un audiencia reducida, dentro del ambiente máximo de clandestinidad de Berlín o París años 30. O primeros 40. Weill, Brecht y Lotte eso hicieron. Irse. Por judíos y/o comunistas. Weill y Lotte hasta América, vía París. En América Weill hizo esa maravilla del Speak Low.

Lotte Lenya hizo de mala de James Bond en Desde Rusia con amor.

Espíritus

Espíritus

Pero qué buena es Last waltz, qué bien lo hace Scorsese y qué pedazo de documento sonoro. Único. En el concierto que motiva la película echan el telón los componentes de la mítica The Band, aquel grupo que funcionó en los 70 porque era imposible que hubieran sobrevivido en otra época. Robbie Robertson era el líder y se nota. Tiene la cara de líder. Scorsese entrevista a los miembros de la banda en los últimos días de existencia del grupo como tal. Y los retrata. Tal como son cada uno. Los retrata mejor que lo hubiera hecho Durero, si viviera.

Esto de los últimos conciertos da mucho juego. Como con el último concierto en la azotea de Abbey Road que hicieron los Beatles. Aquí llamaron a varios amigos. Y salen EmmyLou  Harris, Dr. John, Joni Mitchell, Eric Clapton, Muddy Waters. O Ron Wood y Ringo Starr. Y Bob Dylan. Y tú ves el concierto y te da pena que estos chicos no dieran más conciertos. Y los sientes por ellos. Llevaran la vida que parece que llevaron. Porque, en cuanto suena The weight, te olvidas de todo. Y mira que es buena esa canción. Y así cuando acaba, como que se te forma un apretón allá por donde se encuentre el espíritu y te dices que, cuando acabó este último concierto, se acabaron con él muchas más cosas. 1978.

Y Bob Dylan siguió. Y Scorsese, al poco tiempo, con Toro Salvaje, siguió, después de caer en la peor depresión. Y ahora está el No direction home, que habrá que verlo. Para ver, más que nada, si te vuelven a transportar a las mismas sensaciones que le transmiten a uno volver a escuchar el último vals.

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El ocaso de los dioses

El ocaso de los dioses En el fondo no es otra cosa que un magnífico documental, pero en el sub-fondo hay demasiados elementos para calificar Let it be como algo más allá de todas las cosas. Considerada como documental, debe ser la mejor película de su director, del cual no he visto mucho, que es Michael Lindsay Hogg. Y considerada como algo más, es el testamento de cuatro chicos que durante ocho años fueron más famosos que Jesucristo.
Tampoco no son más que ensayos en el fondo. Los preliminares de su último disco, el Let it be, en su estudio sempiterno de la calle de Abbey Road. Y sí, están los cuatro. Paul mandón, pero cansado; John, cansado pero entusiasta; George, para variar, en segundo plano; y el señor de los anillos, de bisagra, y, por si acaso, amigo de todo y de todos.
Y cantan Two of us, que es una de las cinco menos famosas, pero una de sus cinco mejores canciones. Y cuando cantan el Let it be y el Long and winding road, hay como una especie de sensación de que algo se estaba acabando. No sé, flotaba en el ambiente, Y también cantan Get back, Don’t let me down, I’ve got a feeling, One after 909, Dig a pony, estas cuatro en la azotea de los estudios de la calle Abbey Road, hasta que llega la poli, se da cuenta del revuelo que han causado abajo en la calle llena de gente, de más gente en las azoteas aledañas, y se da por finalizado el que fue el último concierto de cuatro zagales que nacieron en Liverpool.

Notas de autor

Notas  de autor Leonard Bersntein compuso la canciones de la película de West Side Story. También compuso la música de La ley del silencio. Era más director de orquesta. De los mejores compositores de música del siglo XX en América, el quinteto sería Cole Porter, George Gershwin, Richard Rodgers, Jerome Kern e Irving Berlin. Casi todos eran judíos. Porter y Berlin se bastaban ellos y hacían sus propias letras. Los otros tenían parejas de letrista: Gershwin, a su hermano Ira; Rodgers primero a Lorenz Hart y luego a Oscar Hammerstein. Jerome Kern tuvo a varios, entre ellos a Hammerstein. Después de estos cinco están Hoagy Carmichael, Johnny Mercer, Harold Arlen, que hizo la música de El mago de Oz, y Vernon Duke. También Harry Warren.

Carmichael escribió Stardust, de la que algunos dijeron que era la mejor canción de la década de los 30. Carmichael sale tocando el piano en Tener y no tener y en algunas películas de la época. Carmichael tenía pinta de actor y caía muy bien a la gente. De él se dice que es el compositor más perezoso de la historia: Lazy river, Rockin chair (mecedora)... Kurt Weill vino de la Alemania nazi y compuso algo tan bonito como Speak Low. Antes hizo con Bretch en su país La ópera de tres peniques. A Johnny Mercer le rindió homenaje Clint Eastwood en la película Medianoche en el jardín del bien y del mal, con canciones como Skylark.
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