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jácaras reales

Cine

Cines breves

Cines breves Kitchen stories

Más noruega que los noruegos. Cine de lentejas, humor de lentejas. Un cine a duras penas exportable, mas gratificante.

Mi padre es ingeniero

Guediguian es un francés fiel a sus principios. Incorruptible con sus pros y sus contras. Película honesta, bienintencionada, pero honesta.

Tierra de abundancia

Wenders en América. Buena construcción de personajes, que salva cierta vacuidad temática. Michelle Williams es el nombre a retener. Buen John Diehl.

Cines breves

Cines breves A la vuelta de la esquina

Bien Christopher Walken, muy bien la broma montada en torno a lo que le pasa a Michael Caine. Correcta, si bien curiosamente al final te quedas con un buen sabor de boca.

A good woman

Desaprovechadísimo Oscar Wilde. ¡Otro director, por favor! Tom Wilkinson, un actor de oro. Interés decreciente, inversamente proporcional a lo recomendado.

No sos vos, soy yo

Chispazos argentinos. Más en los secundarios que en el protagonista. Agradable, aunque consabida, algún camino ya trillado. Vida perra...

El nombre del Quijote

El nombre del Quijote

Truffaut, Domicilio conyugal, diálogo entre Antoine Doinel y Ginette:


-¿Qué le pasa a tu pecho? ¿Es que tiene algo? A ver... no son los dos iguales
-Qué estás diciendo, estás loco.
-No, no, te lo aseguro. Uno es más grande que el otro.
-Eso no es verdad.
-Sí, sí que lo es...
-No es verdad.
-Y yo te digo que sí...
-Todo el mundo es así, ¿no?
-No. Todo el mundo no. Mira, para diferenciarlos les pondremos un nombre. Por ejemplo Laurel y Hardy.
-Tonto... No, no, es verdad.
-Bueno, si te gusta más, a éste Don Quijote y a éste, que es el grande, Sancho Panza.
-No me hace ninguna gracia.

Malditos

Malditos Hal Hashby dirigiendo en los 70. Paul Naschy y sus misterios. Seymour Cassel, fetiche cassavetico. Philip Seymour Hoffman (de Óscar en La última noche) Bertrand Blier en Francia. Ugo Tognazzi en Italia. Pasolini, su muerte, su cine. Los experimentos de la factoría Warhol-D’Amato-D’Alessandro. El primer David Lynch. La enorme Laly Soldevilla. Los mudos Mack Sennet, Max Linder. Jess Franco y Lina Romay. Mel Brooks. Abbot y Costello. Lola Gaos y todo el reparto de Furtivos. El desconocido Bela Lugosi. La vida de James Whale. Las historias cubanas de vampiros. Pam Grier, Foxy Brown, el cine afro de los 70. Los malos de los James Bond de los 60. Cronenberg. Bob Fosse. Rainer W. Fassbinder.

Oro y olvido

Oro y olvido Richard Brooks escribía las películas que dirigía porque era un estupendo escritor y guionista y periodista. En dos western crepusculares de la última etapa de su carrera hay frases memorables.

Para Los profesionales escribió esto:
- ¿Piensas en algo que no sea en mujeres, whisky y oro?
- Amigo, acabas de escribir mi epitafio.

Para Muerde la bala, esto otro:

Dios, ¿qué no he hecho? Fui jinete del correo, conductor de diligencias, agente del orden, jugador, lanchero, granjero, trabajé en un rodeo, fui cantinero, limpiador de escupideras, viejo. Y no hice nada memorable. Y tampoco hay mucho que olvidar.

Con lupa

Con lupa El mejor Sherlock Holmes, Basil Rathbone en la serie de películas de los años 40. Su compañero Watson, también de los mejores, el actor (sale también en Rebecca, de Hitchcock) Nigel Bruce. En esta serie de películas le hacen luchar hasta contra los nazis. La vida privada de Sherlock Holmes, una obra maestra de Billy Wilder. Casi no se ha visto uno de los casos que Holmes resuelve en esa película pero que al final cortaron del montaje definitivo. Era el caso de la habitación al revés, o algo así. En la película se presenta a un Holmes adicto a la cocaína. Buster Keaton parodió en el título al personaje de Conan Doyle en una de sus cintas, El moderno Sherlock Holmes, que es precisamente la película en la que Buster Keaton entra en la pantalla en una sesión de cine, antes de que lo hiciera Mia Farrow en La Rosa púrpura de El Cairo, de Woody Allen. Pero la película de Keaton no es sobre Sherlock Holmes.

Ahora es cuando digo que nunca he leído a Conan Doyle (salvo un libro que se llama Cuentos de terror)

La importancia de elegir un sastre

La importancia de elegir un sastre Hay un par de frases o tres en Lady Eve, de Preston Sturges. Preston Sturges también tiene una obra maestra, Los viajes de Sullivan. En Lady Eve, Eve es Barbara Stanwyck a partir de un momento de la película, porque antes de eso es una jugadora profesional de cartas que intenta engañar al personaje de Henry Fonda, un desocupado y rico aventurero atrapa-serpientes, durante la travesía en barco rumbo a Norteamérica.

La primera de las dos frases o tres:

- Dicen que una cubierta a la luz de la luna es como el despacho de una mujer.

La segunda y tercera de las dos frases o tres:

- Los hombres... muchos hombres, eligen mejor a un sastre que a una mujer.
- Quizás por eso se visten tan mal.

Ficciones (VI)

Ficciones (VI) Los vaciles made in De Niro. El Nueva York de Manhattan, el Nueva York de Scorsese. El japonés Mikio Naruse. El poético Kitano. Claudia Cardinale, una chica y su maleta. Los niños del comienzo de Grupo salvaje. Las guerras de tartas. Las uvas de la ira. Los duelos del OK Corral. Henry Fonda. John Wayne izando al aire a Natalie Wood. Roberto Rosellini. La trilogía de Apu, Satyajit Ray. Cómo murieron con las botas puestas. La tentación vive arriba. El musical americano de los 30. Busby Berkeley. El silencio de Harpo. El grito de Tarzan. Las canciones de West Side Story. West Side Story. Natalie Wood con un velo de novia. La ideología de Vive como quieras. El falso mago de Oz. Siete hermanos con novia. Las músicas de Bernard Hermann. La madre muerta en El doctor Zhivago.

Después de Truffaut y de Godard

Después de Truffaut y de Godard Eric Rohmer y Louis Malle son dos de los directores de la nouvelle vague que siempre se nombran después de Truffaut y de Godard. Louis Malle es de los pocos directores de los que pasaron el charco a los norteamericanos que no perdieron su identidad, un mal del que se aquejan muchos directores extra-unidenses que van a Hollywood a hacer una película. Se puede ver eso en Atlantic City o en Vania en la calle 42. Rohmer, en cambio, hizo todas sus películas en suelo galo, siendo el más francés posiblemente de todos los directores de la ola francesa.

Rohmer puede quedarse como veinte minutos delante de dos personas hablando y uno se queda como fascinado por la naturalidad y desparpajo con la que está montada la escena, tanto que llega un momento en que te olvidas por completo de que ahí hay una cámara y de que estás viendo una película que es mentira. Rohmer es un director muy dialogante (¿Aristarain, otro estilo, otra época?), sus actores son casi desconocidos si no eres francés y los conoces, salvo Jean Louis Trintignant, casi. De Malle, pues que tiene una de las pocas obras maestras en 25 años, una película con nombre de tango que se llama Au revoir, les enfants.

Familia y tradición

Familia y tradición De los directores japoneses de los 40, 50, 60, Yasuhiro Ozu era el de las películas de temática familiar. Por sus títulos (No debe dejar de amarse a una madre, El sabor del sake, Buenos días) se desprende la línea maestra de su filmografía: la cotidianeidad, las relaciones inter-parentales, la convivencia entre modernidad (hijos) y tradición (padres) Es el director de ambientación contemporánea (Cuentos de Tokio, paradigma de), ya desde sus películas mudas. Luego hizo remakes de éstas en el sonoro.

Hay actores de los que salen en sus películas a los que te habitúas al verlos una y otra vez. Todo muy familiar. El guionista, además, era casi siempre el mismo, Kogo Noda. Y de actores, casi siempre estaba Chisu Rhiu de protagonista. Y había una actriz que también la utilizaba mucho, Setsuko Hara, que además era bastante guapa, y que según mi amigo Enrique es “mi amiga”, por lo de que era una japonesa que llamaba la atención porque era bastante guapa. Se salía del canon en estas películas porque parecía tener el glamour de una estrella de Hollywood. Ozu era un admirador de Lubitsch y se nota sobre todo en sus películas mudas.

Doinel et Victor

Doinel et Victor François Truffaut dedicó L’enfant sauvage a Jean Pierre Leaud, el actor que hizo de Antoine Doinel en cuatro de sus películas y un corto. François Truffaut modeló a Antoine Doinel como modela al pequeño salvaje en esta otra película. Por eso François Truffaut protagoniza en primera persona L’enfant sauvage. El pequeño salvaje es un niño abandonado en plenos bosques en la Francia del siglo XVIII. El personaje de Truffaut entonces lo que hace es como adoptarlo para enseñarle a vivir, a ser persona, porque el pequeño salvaje ni habla ni sabe escuchar. Vive al margen de la vida.

L’enfant sauvage (me gusta más el título en francés) contiene unas escenas ciertamente de las más conmovedoras del cine en general. Lo del niño protagonista es de nota, porque no sabes si realmente es un niño inadaptado, con problemas y sacado de la nada (en varios momentos mira a la cámara como si ésta fuera una extraña, una invasión a su intimidad), o es un actor infantil entrenado para la película. Le ponen de nombre Victor, por una razón. Es bueno que el espectador se sienta incómodo ante algunas escenas. Al final de la película hay una escena en la que lloro, pero no es cuestión de destriparla. Pequeña obra maestra.

Gore en el alma

Gore en el alma Ingmar Bergman termina sus películas con un fundido a negro y gracias, porque después de ese fundido a negro no hay más película en movimiento ni más créditos. Te pilla por sorpresa en ese sentido. Los títulos de crédito de Woody Allen de blanco sobre fondo negro son en homenaje a los de Bergman. La cooperativa de Bergman de actores: Erland Josephson, Max Von Sydow, Liv Ullmann, Ingrid Thulin, Bibi Andersson. Sven Nykvist es el director de fotografía; y el de Another woman, Edipo reprimido de Historias de Nueva York y Celebrity, de Woody Allen, también. En September lo parece, pero ahí es Carlo di Palma.

En Vargtimmen, el título en si sale como título de crédito a mitad de la película. En Persona los créditos salen a los cinco minutos de imágenes oníricas y fantasmagóricas, obsesivas, obsesionantes. Bergman, gore del espíritu. Lars Johan Werle, es el músico acorde. En medio viene luego la película, o sueños, o pesadillas, o desasosiegos, o turbulencia interior, de Ingmar Bergman.

Ojos que actúan

Ojos que actúan Isabelle Huppert hizo de la Premio Nobel de Literatura, Elfriede Jelinek, en La pianista si son verdad las cosas que dicen de que tanto el libro como la película tienen tintes autobiográficos. En la película pasan cosas muy duras de ver y más de contar. La protagonista es una profesora de música que tiene en la intimidad aficiones sadomasoquistas. A Isabelle Huppert los papeles de mujer atormentada, o con secretos (ver Un asunto de mujeres, de Claude Chabrol, anterior y muy próxima a lo que este año ha sido la historia de Vera Drake), o con personalidades complejas, le van como anillo al dedo.

Puede que sea de las pocas actuales francesas cercanas a las grandes: las Signoret, Moreau, Mercier. Boutade: lo haría bien con Woody Allen. Las pecas siempre le quedaron bien a Isabelle. Actúan. Su mirada habla.

Valor de ley (desagravio de lo infravalorado)

Valor de ley (desagravio de lo infravalorado) Tarde de perros, de Sidney Lumet. El reloj, de Vincente Minnelli. El hombre de Mackintosh, de John Huston. Más dura será la caída, de Mark Robson. Ciudadano Bob Roberts, de Tim Robbins. Happiness, de Todd Solondz. Mash, de Robert Altman. Un rey en Nueva York, de Chaplin. Hola mamá, de Brian de Palma. Muerde la bala, de Richard Brooks. Niágara, de Henry Hataway. Los dioses deben estar locos, de Jamie Uys. Johnny O’ clock, de Robert Rossen. Quién puede matar a un niño, de Chicho Ibáñez Serrador. El gato conoce al asesino, de Robert Benton. La soga, de Alfred Hitchcock. En busca de Bobby Fisher, de Steven Zaillian. Malas tierras, de Terrence Malick.

Ficciones (V)

Ficciones (V) Marnie la ladrona. El fantasma de Juan Nadie. Tú y yo. Lemmon y Mathau. Cary Grant de periodista. Cary Grant vestido de mujer. La nochebuena de Plácido. El hoyuelo de Kirk Douglas. La mirada de Dreyer. La cavatina de El cazador. Las trampas de El golpe. Los ojos de Nicholson. El bar de El resplandor. Un día en las carreras, más de uno en vino y rosas y otro más en Nueva York. El Óscar del padre de John Huston. El retrato de Jennie y el retrato de Dorian Gray. El material del halcón maltés. Los bailes de John Ford. Inisfree. El beso bajo la tormenta de Inisfree. Lo verde de aquel valle. El esplendor en la hierba. M de Dusseldorf. Eva al desnudo. El expresionismo alemán. Cuentos de la luna pálida, de Tokio. El melodrama de Minnelli. Los gangsters de la Warner. Jeanne Moreau con Jules o Jeanne Moreau con Jim. Simone Signoret.

Actor fatal

Actor fatal Sólo hubo una cosa que impidió que John Cazale, tras los sobrecogedores papeles que había interpretado en la década de los 70, continuara aumentando su categoría como actor. Y fue que John Cazale murió en 1978 a la edad de 42 años. Hasta ese momento John Cazale hizo sólo cinco películas, pero esos seis años le valieron para ser uno de los grandes, de los mejores secundarios de la historia del cine. Lo realmente puñetero es que nunca hayamos visto a Cazale en la cumbre de su madurez. Qué Cazale nos hubiéramos encontrado hoy en 2005.

En todas sus películas despertaba piedad y ternura. A John Cazale le matan por orden de Al Pacino en la saga de El padrino porque su personaje, Fredo, ha traicionado a su hermano, o sea, a Pacino, a Michael. Lo que pasa es que Pacino, Michael, se espera a que se muera la madre de ambos, para que ésta no vea una reedición de la leyenda de Abel y Caín. El físico lo tenía; la fatalidad, grabada en su rostro, también. Verlo con una metralleta en Tarde de perros, también al lado de Pacino, y sin que apenas hable en toda la cinta, provoca escalofríos. Verlo en El cazador, de Cimino, al lado de Robert de Niro y al lado de Christopher Walken, provoca compasión si sabes que durante su rodaje todos supieron que tenía cáncer y que tras terminarse la película Cazale se murió.

Ficciones (IV)

Ficciones (IV) La comedia italiana de los 50. Sofía Loren. Vittorio de Sica. Quien volara sobre el nido del cuco. La cabeza borradora. El hombre elefante. La censura española de Mogambo. El Doctor Zhivago. Robert Mitchum. Retorno al pasado. John Wayne parando la diligencia. Arroz amargo y Silvana Mangano. Gloria Grahame, Glenn Ford, Fritz Lang y los sobornados. Ser o no ser y Ninotchka. La Garbo ríe. Carole Lombard. Sucedió una noche. El juramento de Escarlata. David Lean en blanco y negro. Max Ophuls en blanco y negro. El cinemascope. David O. Selznick. Las mentiras de Pinocho. Las manzanas de la madrastra. Sinatra y Monty de aquí a la eternidad. La serie B de los 50. El montaje soviético. El animal más bello del mundo. Sinatra y el animal más bello del mundo. Bogart y la condesa descalza. James Cagney de gángster y James Cagney Yankee Doodle Dandy. Sólo ante el peligro. Gary Cooper. Los Diez de Hollywood. El guionista de Espartaco.

Sui generis

Sui generis Jean Luc Godard dijo una vez, contra viento y marea, que estaba a favor la supresión de los cortes de publicidad (si no hay anuncios, se corre el riesgo de acabar con la financiación del cine) en los pases de las películas por televisión. Jean Luc Godard siempre ha ido contracorriente en muchas cosas, y para eso, no hay más que ver cualquiera de sus películas. A Jean Luc Godard le ha hecho Tarantino algún homenaje encubierto en sus historias, de esos homenajes que Tarantino suele hablar que hace. La compañía de Tarantino se llama A Band apart, la película de Godard se llama Bande à part. Y también lo hay el homenaje en Kill Bill.

Ana Karina era la compañera sentimental de Godard y protagonizó varias de sus películas. Godard le mandaba que mirara bastante a cámara y la cosa quedaba muy bien. Godard tenía mucha coña y se adelantó un poco a Tarantino en eso de citar, hacer guiños, homenajear, etc, etc. También se adelantó en eso a De Palma. Godard sigue haciendo cine, aunque aquí casi ni se estrena. Tiene cuarenta películas sin contar los cortos. Fue quien hizo estrella a Belmondo. Hay muy pocos tan sui generis como Godard.

Ficciones (III)

Ficciones (III) El Pacino de los 70. El padrino I y El padrino II. La nuca de James Stewart. Cyd Charisse se levanta de una silla. Los Doors en Apocalypse Now. La última cena de Viridiana. El sello de Ingmar Bergman. Roma Citá aperta y Alemania Año 0. La última película, de Bogdanovich. La escalinata de Odessa. El Óscar a Hattie McDaniel. El toque de Lubistch. Las películas con voz en off. La voz en off en El crepúsculo de los dioses. La cara de nada de Cristina de Suecia. De Niro frente al espejo. Joan Crawford y Johnny Guitar. El río de Renoir. Kong y Fae Wray. Drácula. Bela Lugosi. Las leyendas de Bela Lugosi. El humor de la Ealing. La semilla de Rosemary. Nanuk el esquimal y los hombres de Arán. Federico Fellini. Roma en vacaciones. Las de piratas. El puente sobre el río Kwai. El slapstic. La screw-ball comedy o La fiera de mi niña. Walter Brennan. Edward G. Robinson en Perdición. La historia de Perdición. Todo en Perdición.

Ríos en la luna

Ríos en la luna Cuando lees Desayuno en Tiffanys te das cuenta de que hay alguna diferencia entre el libro y la película. Pero te lo pasas igual de bien en una cosa y en otra. El guión de la película es de un experto que se llama George Axelrod. Axelrod omite temas como el de las drogas porque la película tenía que hacerse. Sí que sale el vecino oriental que en la película hace Mickey Rooney. El libro es un recuerdo de Holly, la chica que en el cine hace Audrey Hepburn, mientras que en la película la cosa se cuenta en tiempo presente.

A Truman Capote le han adaptado siempre bien el cine. Como con A sangre fría. Audrey Hepburn sale cantando con una guitarra la canción de Moonriver. Henry Mancini hizo también la música de La pantera rosa, Días de vino y rosas, Charade, etc, etc. George Peppard luego se pasó a la televisión. La película empieza con el amanecer de Holly desayunando delante de la tienda de joyas. Aunque la película tampoco termina como en el libro, da lo mismo porque te lo pasas igual de bien en una cosa y en otra. El peligro es quitarse de la cabeza Moonriver.