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jácaras reales

La culpa la tiene Patricia

La culpa la tiene Patricia

Si metes a dos personas dentro de una habitación solos para que vean juntos cualquier película de David Lynch, seguro que a uno le parecerá la cosa de una belleza inusitada y al otro, en cambio, dirá que David Lynch no es precisamente santo de mucha devoción. Me parece que tampoco David Lynch sea de la gente que  aparece mucho en las listas de mejores directores, en los primeros puestos, al menos. Lo malo es que a mí a lo mejor tampoco se me ocurriría ponerlo en mi lista. O igual sí, pero tengo que decir que no para montar todo este tinglado.

El dueño de este ascensor se pregunta si Woody Allen, si Clint Eastwood, si Scorsese, es el mejor de los treinta últimos años. Y yo, pensando, me digo, que si yo estuviera en la habitación trataría de convencer al otro de hacerse devoto de David. Carretera perdida me la he visto porque Olvido dice en un documento secreto que Carretera perdida tenía algo que ver con el jazz. Y es verdad, en cierta forma.  Pero claro, echas la vista hacia atrás y piensas que este tío tiene una obra maestra y una película de terciopelo. Y Carretera perdida no me la había visto todavía y doy gracias al cielo por haberlo hecho. No es por cargar más las tintas en la supremacía del protagonismo femenino que han adquirido últimamente los artículos de este blog. Pero si Carretera perdida es lo que me ha parecido ayer cuando la vi, la culpa la tiene esta buena señora que hoy por hoy se encuentra relegada haciendo de médium en televisión. Eso, el personaje de Robert Loggia, los cadillacs, la música de Badalamenti y la atmósfera cero creada por David Lynch.

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3 comentarios

El ascensorista -

Lynch... ufhh!!!. Demasiado ruido, algo así como el free jazz... Siendo sincero no me ha terminado de convencer nunca, me parecen fuegos artificales, hasta Twin Peaks me terminó decepcionando con su desenlace.

Cuando se pono serio (Una historia...) algunos lo comparan con Ford, pero a mí me aburre todavía más que cuando se pone onírico.

Vamos que no. Ni con terciopelo, ni sin terciopelo. Ni azul ni...

Saludos...

Olvido -

Yo no sé si pondría a Lynch en una de esas listas. Quizá sí. O si me pillara enfadada, le castigaría con un falso desprecio. Lo que me pasa con Lynch es que me saca de quicio. Me molestan tantos enanitos y tantas cortinitas azulete. Pero luego, cuando creo entender qué me ha querido contar, vivo un extasis extraño. Es raro Lynch. Quizá sólo me moleste que los popies se lo hayan quedado. Je ne sais pas. Un beso desde la playa, pero sin sol

Ogigia -

Un saludo rubio, josefito
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