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jácaras reales

El jazz de la cárcel

El jazz de la cárcel A muchos músicos de jazz la vida les ha salido rana. Casi siempre por tema de drogas. Y cuando no tenían problemas, había alguien que se los inventaba o directamente era la policía la que metía algún gramo debajo de la almohada de un músico hospitalizado por desintoxicación para cargarles el mochuelo. Esto último le pasó a varios. Alguno donde iba era no a una clínica sino que acababa con sus huesos en la cárcel. Uno de ellos fue Frank Morgan, saxo alto que durante 30 años alquilaba o desalquilaba una celda en San Quintín y alrededores. A Morgan y a otros que estaban en su misma situación se les ocurrió un día una idea.

Junto a otro saxo alto, un maldito del jazz, Art Pepper, el trompetista Dupree Bolton y el batería Frank Butler, Morgan montó un pequeño grupo para matar las horas en prisión. Cuando el resto de presos se dedicaban a rondar el patio de recreo, ellos afinaban la nota improvisando libremente. A su ritmo recreaban el pequeño mundo de autonomía personal e independencia en su aislada fábrica de crear. Ésos eran los únicos y pequeños privilegios de los que gozaban, un hueco fugaz, pero eterno, en esos días de negro mate que ellos mismos se encargaban de transformar en su particular jam session de diversión.
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