Gloria
Para explicar esto tengo que remontarme a la segunda mitad de la década de los 80 del siglo pasado. A cualquier sábado y a la una de la madrugada. Al programa que empezaba antes de que empezara el programa de Juan Luis Cano y de Guillermo Fesser. El programa que empezaba a la una de la madrugada se llamaba Asignatura pendiente, lo presentaba José Luis Garci y era el comienzo de la noche en Antena 3 Radio. Hace un millón de años.
El programa del Garci empezaba y terminaba con una canción que nadie diría que entraba en sus planes de canciones preferidas. A lo mejor en mi lista tampoco. La canción no sé por qué la ponía Garci. Me vino a la cabeza el otro día viendo una película de Leo McCarey. Tampoco viene a cuento decir que me gusta Garci. O me cae bien, me da igual. Garci decía que no se acordaba nunca de la letra exacta. Tiene algo y ya está.
Recuerdo cuando dijeron que por esas fechas habían hecho unas fotos en las que, a sus años y de aquellas maneras, salía la que cantaba, una señora que se llamaba Gloria Lasso.
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Las jotas de picadillo son unas jotas en las que el hombre y la mujer representan el tradicional envite de guerra de sexos. Yo te digo, tú me dices, tú me dices, yo te digo. Y te la devuelvo, y mayor. Es como el juego de la oca cuando te toca. De oca a oca. Las hay de muchos sitios, pero las que yo digo se dicen en baturro.
Un 127 reutilizado que se llama Júpiter. No es Herbie, pero casi, contemporáneo suyo, casi. Se llama Júpiter porque la placa que la joven dueña conductora le pusiera un día bajo la matrícula así reza. Matrícula con una de las primeras consonantes del abecé, o sea, un coche muy antiguo, o sea, en estos tiempos toda una reliquia. Todavía recuerdo aquellos coches con matrículas sin letra, es decir un Z-56972, por ejemplo, es decir, de lo primerito que se hizo matrícula y coche en la city. O sea, nuestros herbies abuelos, los pioneros. Aún los hay. O los había. Si no, pues eso, reliquias del pasado, como este Júpiter 127, de conductora joven y amante de la comodidad, del encanto y detractora del lujo sobre cuatro ruedas. En el fondo todo un encanto. Haberlos haylos. Como Júpiter, y la dueña de Júpiter.
Creo que ya no existe el video club B.thoven que había en las Delicias. Del video club B.thoven me cogí las primeras películas que me vi en video. Eran películas que me recomendaban enfurecidamente que viera. Era la época en que era casi obligatorio ver Evasión o victoria, de Huston, porque Pelé metía un gol de chilena contra los nazis. Luego vista, uno se da cuenta de que lo irrisorio es ver parar el penalti que para Stallone. Las primeras películas que me cogí del B.thoven fueron Y si no... nos enfadamos, de Terence Hill y Bud Spencer, Un millón para Boris, que la debí ver yo y dos más, y Gremlins, que en su momento me pareció una obra maestra. Y también Regreso al futuro.