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jácaras reales

Cine

Cine mudo (II)

Cine mudo (II)

Solamente pido un par de cosas la próxima vez que vaya al Festival de los Jóvenes Realizadores de la ciudad que me parió:

Que el cortometraje que más me guste de todas las sesiones no sea el único que no reciba aplauso alguno en todo el festival.

Que la próxima vez que gane un corto no me den ganas de abofetear a cada uno de los miembros del jurado. Hace dos años me pasó porque el corto en cuestión no llegué a entenderlo (y meses después se fue para los Oscar) y este año porque si no el peor, el corto en cuestión me pareció de los peores. Sir Henry puede dar fe de que una simple mirada vale para dar mi veredicto acerca de una película.

Lo pido por favor.

A quien corresponda

A quien corresponda

Cuando Marilyn cantó aquello del I wanna be loved by you, no sé si lo hizo como una llamada de socorro o es que era su forma de decirle al mundo lo que le gustaba a ella la vida. Como, en todo caso, a todos y cada uno de nosotros alguna vez nos han dado ganas de decirle a alguien esas seis hermosas palabras, y como quiera que es muy difícil aguantarse el modo en que Marilyn termina ese suspiro hecho canción, no vendría mal alimentar esta noche nuestras mentes poniendo en repeat los últimos segundos que se escuchan de su voz.

Creo haber oído en su día una versión antigua. Al Jonson, Cab Calloway, no recuerdo. La canción la compusieron en los años 20. En realidad el I wanna be loved by you es una cosa tan vieja como la vida.


Dios es una mujer

Dios es una mujer

No sé por qué, pero  me encuentro bastante a gusto cuando veo una película francesa. Sea del año que sea. Sea del año que sea quiere decir que me da igual que salga Emmanuelle Beart, o Juliette Binoche o Isabelle Huppert. Mejor si salen éstas, pero casi me da lo mismo. Sea del año que sea, siempre me gusta ver las películas en las que sale Jeanne Moreau. Aunque en 1970 y pico Gerard Depardieu jugara en una escena de cama con el mito de una Moreau crecida y por ende enriquecida, madura, maravillosa. En una de las últimas películas que me he visto, Antonioni le cala los huesos debajo del agua en una notte llena de lluvia y deseos. Por fortuna para ti y para todos los espectadores. Aunque Monica Vitti le roba un par de escenas. Y aunque La notte no sea una película francesa.

No me he resistido mucho a poner a Jeanne Moreau así, en esa foto.

El cine

El cine

He tenido la suerte de verme estos días un montón de buenas películas. A mayor número de buenas películas, mayor probabilidad de encontrarte con diálogos de ésos. Esto se lo dice Glenn Ford a su chica en El tren de las 3:10, del año 57.

-          La encuentro un poco delgada.

-          Ya sé que lo estoy.

-          Las chicas delgadas no me disgustan con tal de que tengan la boca bonita y los ojos azules. Usted los tiene azules.

-          Pardos.

-          Tampoco es necesario que sean azules.

(Breve pausa y beso)

Sería justo lo que me gustaría decirle (y hacer) a alguien algún día. Eso es, sencillamente, el cine.

El coche de los recuerdos

El coche de los recuerdos

Hablo de cuando el objeto oficial y oscuro de nuestros deseos todavía se llamaba Norma Jean. El cine balbuceaba nada más, si acaso abría la boca para cantar o para que el galán de moda de turno le dijese lo que le despertaba alguna rubia platino. A la que veis ahí arriba le dio poco tiempo a prodigarse, pero cada vez que se prodigaba era para no olvidarse. A Fellini sus recuerdos de infancia le obligaron en Amarcord a mentarla encerrados en un coche un par de adolescentes o tres, en una secuencia tan inolvidable cuando menos como la famosa ensoñación de la estanquera y su jersey de lana.

Suerte tuvo Clark Gable, suerte tuvo que se la llevó entre forillos de noche y tormenta, por aquellos mares del sur. Aquellos tiempos en que los guionistas ponían en boca de las rubias platinos las frases de doble sentido que la dictadura de Hays apenas podía evitar. Me jode un poco que esté demasiado olvidada. Pero hoy, porque me da la gana, estoy hablando de ella. Porque me gustan muchísimo todas las fotos que le hicieron en su día. Porque no hay derecho que alguien se muera con los 26 años apenas cumplidos. Porque me estoy imaginando la escena del director del estudio intrigando sobre el nombre artístico de alguien que nació Harlean Carpentier. Porque guardo la esperanza de que Jean Harlow fuera otra maravillosa morena que sucumbió un día a los encantos del fabuloso rubio platino.

Me jode un montón no acertar en qué foto ponerla.

En la cima del mundo

En la cima del mundo

Tengo que volverme a ver Ragtime. Primero, porque así voy y la comentaba después en mi otro blog. Y luego porque así veo la que fue última película de uno de los tipos que mejor me ha caído en gracia de aquel glorioso blanco y negro. Del cine. Un tío que siempre se llamaba o Jimmy, o Danny o Johnny. Pero que después empuñaba y disparaba un revolver como pocos han empuñado y disparado ninguno. Aunque, para ello, James Cagney tuviera que ser siempre el chico que empezaba de la calle (Edward G. Robinson nació ya capo; Bogart, siendo el hombre con pasado) El chico que surgía de la nada.

En un especial de televisión, de ésos que saben hacer tan bien los americanos, Clint Eastwood dijo que para inventarse sus Harrys le sirvieron de inspiración los papeles que hacía James Cagney en las viejas películas de la Warner. Años 30 y 40. Como decía uno de los títulos de la colección Cine y música (Ed. Salvat, 1987-88) que tengo por casa, los años de la música de la época Kane.

Quiero verle por fin lo bien que bailaba entre filme y filme detrás de cada una de esas balas descargadas a sangre fría. Sin resentimientos. Quiero verle en Yankee Doodle Dandy. Ya lo he visto bailar en Uno, dos, tres, al otro lado del telón de acero. Aunque Uno, dos, tres no sea un musical.

Aquella quinta del año 1899. El año en que a la cinefilia le tocó el gordo de la lotería: Bogart, Astaire, Hitchcock, Nabokov, Hoagy Carmichael, Hemingway, Ellington, Cukor. Y James Cagney. Siempre on the top of the world.

Alter ego

Alter ego

Ya no recuerdo en qué película una mujer le decía a James Stewart:

-          Me enamoré de tu nuca.

-          ¿Y qué pensaste cuando me di la vuelta?

-          Pues que me tendría que acostumbrar a tu cara.

Creo, más o menos, que le decían algo así. No me gustó el día que se murió James Stewart. Por tener, Historias de Filadelfia tiene a mis tres actores: a James Stewart, a Cary Grant y a Katharine Hepburn. Y la condenada hija de su madre de la niña. En Vértigo no se ve, pero tiene que desnudar a Kim Novak para meterla en la cama cuando la rescata del agua. Menuda. En La ventana indiscreta es un mirón. Sólo le faltó bailar como Fred Astaire.

Baila, mal, en Qué bello es vivir. En Qué bello es vivir es sordo del oído ¿izquierdo o derecho? Y entonces la niña que hace de Donna Reed de pequeña le dice que te quiero en esa oreja. En El invisible Harvey cuando está borracho habla con un conejo gigante. En Anatomía de un asesinato le gusta tocar el piano sentado enfrente del mismo piano que Duke Ellington. Y no mató a Liberty Valance.

Alguien, un día, me llamó Jimmy.

La noche más hermosa

La noche más hermosa

Éste es el rostro que esta noche han premiado con honores en el Festival de San Sebastián.

Hace siete meses hablé de cómo enamorarse de un rostro como él. Aunque no me importaría repetirlo.

Delicatessen

Delicatessen

Pues la primera vez que la vi me enamoré de Paprika Steen. Viendo Festen o Los idiotas. Mejor dicho, la primera vez en que caí que había visto a Paprika en alguna otra de sus películas. El amor, ya se sabe, tiene estas cosas cuando estás viendo una película. Me recuerda en algo a Ricardo Darín, pero no me hagáis mucho caso porque no hago más que pensar en alto. Algo huele a hechizo en Dinamarca.

Paprika me gusta porque siempre va a tener la edad indefinida. Pero lo mejor de todo es que Paprika, amén de que está muy rica,  es una extraordinaria actriz.

Anjelica con k

Anjelica con k

No sé si a Anjelica Huston le ha pesado alguna vez el apellido. Para bien o para mal, Anjelica siempre será la hija de su padre. Porque la ves fugazmente en El cartero siempre llama dos veces y caes fulminado, donde se supone que la que resulta (más) turbadora en El cartero es Jessica Lange y la escena de la cocina. Y algo tiene que haber. Delitos y faltas tengo que verla otra vez, porque, aparte de alguno de los más grandes momentos de la filmografía Allen, también tiene por fortuna a Anjelica Huston. La hija de perra de Anjelica Huston.

Viene a cuento todo esto porque ayer me vi la última película que me he visto. En ella rompen y rasgan desde el principio, o rivalizan las dos en hacerlo, Annete Bening y Anjelica Huston. Ambas, novia y madre respectivamente de John Cusack, se disputan en cuerpo y alma en un hermoso y despiadado combate de ajedrez  a novio e hijo. Rompe y rasga Anette Bening porque entre otras cosas, enseña y vuelve a enseñar. Admito que en esa película la esposa de Warren Beatty está de chupa pan y moja. Pero. Sin desvelar excesivos detalles de la película ni del final que viene después, diré que mi vencedora moral aunque trágica acaba siendo Anjelica Huston. Anjelica Huston, que no enseña carne tan a la ligera como hace su adversaria, demuestra saber cómo despertarle hasta a su mismísimo vástago las armas de mujer que toda mujer rubia (teñida) platino tiene a su alcance para conseguir lo que ellas se proponen.

Anjelica Huston, a la que le leí en un Fotogramas que de joven se veía horrible y que ni se atrevía por un instante a mirarse en el espejo, triunfa y pierde al mismo tiempo en ese fantástico final. Ese final de sangre, de amor y de lágrimas.

Para mí Anjelica se escribe con k.

Padres e hijos

Padres e hijos

Esto lo contaba yo en la página ésa que digo que nunca vio la luz. 

La historia empieza en 1935 y termina en 1977. En 1935 se produce el mayor de los éxitos cinematográficos de los tres hermanos Marx. En 1935 nace Woody Allen. 

En 1977 se produce el mayor éxito cinematográfico que vivió Woody Allen. En 1977 muere Groucho. 

El círculo se cerró la semana pasada de hace justo 30 años.

Possible films

Possible films

En estos tiempos de Dios en los que cuesta Él y ayuda encontrar una película de ésas que te puedan decir algo, no viene mal intentarlo con alguien como Hal Hartley. Y quién coño es Hal Hartley, que sigue haciendo películas y siguen sin estrenarle nada al hombre: uno de esos héroes de la independencia americana que todavía creen que es posible hacer ese otro cine falto de palomitas y redundancias, de pompas y reiteraciones. Que bien, que al Hal Hartley será difícil pillarle el tranquillo, y que tampoco sus películas no serán (todavía) obras maestras, pero yo prefiero descolocarme con esta gente, sus historias, sus paranoias y sus películas.

Hal Hartley suele salpicar sus proyectos con este tipo de música. No sé si ésta en concreto suena en alguna de sus películas, pero este botón es para la muestra de cómo es la música y su forma de hacer. En estos tiempos de dios.


La regla del tiempo

La regla del tiempo

Ya sin Bergman ni Antonioni, y como quiera que quiero huir de los lugares comunes (ya confesé que Blow up me gusta, y que me gusta muchísimo El silencio, por ejemplo), para cuando el año que viene veáis lo que estos días está rodando Woody Allen en Asturias, Bergman y Antonioni llevaban solamente unas horas allende la vida.

Es una manía que yo tengo: cuando se estrena una película relaciono lo que estaba haciendo yo en el momento del rodaje de la misma. Supongo que no se trata sino de otra forma más de vivir la cinefilia. Y un buen ejercicio de nostalgias.

Y ya que me he visto What’s new Pussycat? del año 65 y que Woody Allen firmó el guión pero yo no había nacido, me quedo con otra frase de ésas para enmarcar:

-          Oh, Víctor. No puedo dejar que me hagas el amor con una persona en el armario.

     -         ¿Por qué, cuántas personas en el armario necesitas?

¿Una gran verdad?

¿Una gran verdad?

La frase de diálogo, en realidad, la dice Raymond, el mayordomo de Kane:

- ¿Es usted un sentimental?

- Sí y no.

No blog

No blog

Cuando todavía no existían los blogs, o por lo menos yo no tenía ni puñetera idea de ellos, quise hacer y no pude, por dejadez más que por otra cosa, una página de esas personales, aprovechando que tenía que hacer un trabajo final para un cursillo. Como la cosa se quedó para siempre en proyecto, quién sabe si algún día, ahora que existen o sé que existen los blogs.

Lo que hay ahí arriba formaba parte de esa página personal. No podía faltar esa Windsor Light Condensed BT.

Falta una música.

The boss

The boss

Que levante la mano al que le guste Lars Von Trier. ¿Dogma ha muerto? Un día oí decir algo a Von Trier, pero no he encontrado nada. Me imagino una balanza o romana. Lars Von Trier en el medio sujetando y a un lado detractores y al otro los demás, que no sé si calificar de amantes, fanáticos, seguidores, defensores o simples espectadores. Hay directores que se especializan en ser demonizados y en convertirse en el blanco de diatribas feroces. Lars Von Trier tiene destrozado el carné de identidad. O Haneke.

A mí ya me gustó Europa por lo mismo que dijo en su día José Luis Guarner: que esa película era “brillante, irritante y estimulante al mismo tiempo”. También me gustó Dancer in the Dark. También me gustó Rompiendo las olas. También me gustó Idioterne. También me gustó Dogville y también me gustó Manderlay. También me ha gustado la antepenúltima película que me he visto. El jefe de todo esto es una coña marinera que juega con el montaje, tiene encuadres fuera de campo, colores apagados como los de mi blog y un actor que comienza y acaba la película con una tizna de hollín en la frente. Lars Von Trier dice en off al comienzo de la película que El jefe de todo esto sólo es un divertimento destinado a ridiculizar la pseudo-cultura.

A ver de que lado termina por inclinarse la balanza.

Esgrima y amores verdaderos

Esgrima y amores verdaderos

Me llamo Íñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir.

Estas palabras las repiten varias veces en una película que tardé ver algún tiempo. Tengo diez razones apuntadas por ahí para demostrar que esa película es altamente maravillosa, recomendable, estupenda, prodigiosa. Uno de esos escasos milagros del cine que sobreviven al tiempo y a las categorías. De esas diez razones que nunca he publicado pero que tengo apuntadas por ahí, todas se resumen en dos o en tres.

Una, que sale Robin Wright con 19 ó 20 años cuando todavía no se llamaba Robin Wright Penn. Otra, el encargado de repetir varias veces a lo largo de la película la frase que he puesto al principio. Robin Wright (Penn) sigue recordándome a alguien. Y el personaje de Íñigo Montoya me sigue pareciendo uno de los personajes capitales del cine de aventuras de todos los tiempos. Y tiene que serlo alguien que en una historia que tiene esgrima, peleas, torturas, venganza, gigantes, monstruos, persecuciones, huidas, amor verdadero, milagros, suelta unas palabras tan memorables:

Me llamo Íñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir.

Peter, Paul y Rachel

Peter, Paul y Rachel

Hojeando hace poco una de las numerosas revistas que hay actualmente de cine (Fotogramas me sigue pareciendo la Biblia, Cinemanía sólo la he leído un par de veces, Acción te la lees en un santiamén y Dirigido por me parece simplemente la mejor), una compañera de trabajo y sin embargo amiga ve una foto de Paul Newman y me espeta: Paul Newman es muy guapo. Lejos de despertarle del sueño, le señalo otra de Marlon Brando: mohín y un no. Desconozco las variables por las que os movéis vosotras para valorar, si tal o cual aspecto, pero os lanzo otra apuesta blue eyes: Peter O’Toole.

Si me dieran a elegir a mí, basándome en criterios puramente cinéfilos y cinematográficos y teniendo siempre en mente que Paul Newman y El golpe o Veredicto final, diría: esa figura recortada por el sol subido encima de un tren, a quien acabo de ver en una soberbia demostración de actor en Venus. Que recita Shakespeare un segundo y la imagen se congela. Me viene a la cabeza Richard Harris y Camelot. So british. Daniel Day Lewis, quien tan apenas se prodiga y que tiene estreno a la vista. O Jude Law, a quien Sean Penn tuvo que reivindicar “como uno de nuestros mejores actores” en los Oscar hace un par de años improvisando una respuesta a unas desdeñosas palabras de Chris Rock. ¿Jeremy Irons?

A mi compañera y sin embargo amiga también le gusta mucho Robert Redford. Mi compañera de trabajo y sin embargo amiga me recuerda vagamente a Rachel Weisz.

Alto

Alto La cosa apunta. Sale Norah Jones. Sale Jude Law. Y también sale Rachel Weisz. Y. El director es Wong Kar-Wai. Para que luego no me digas, te aviso con tiempo.

Dame Judi Dench

Dame Judi Dench A veces te enamoras (sin saberlo) viendo una película.