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jácaras reales

When we were young

When we were young

Woody Allen, 1961

Woody Allen comenzaba a visitar a su psicoanalista. Les inventaba chistes a los demás para contarlos en televisión y pisaba las tablas en el teatro.

Para más información, consultar en su filmografía.

Yo quiero ser un All Star

Yo quiero ser un All Star

“…y Satchmo por todas partes con el don de ubicuidad que le ha prestado el Señor, en Birmingham, en Varsovia, en Milán, en Buenos Aires, en Ginebra, en el mundo entero,…”

Rayuela, cap. 17, Julio Cortázar.

A la mayoría de los músicos que nos tocan o tocaron la fibra haciendo esa cosa llamada jazz les llega un momento de plenitud en su vida (aquí vida para uno de los nuestros es igual a carrera) y les da por inventar una vuelta de tuerca nueva. A Charlie Parker le dio por encerrarse con una orquesta de violines a principio de los años 50. Una década más tarde, a Stan Getz, con un cuarteto de cuerdas. Bill Evans se triplicó grabándose a tres improvisaciones. Miles casi terminó su carrera junto al rapero Easy Mo Bee. Y en 1947 Louis Armstrong... quizá no dio ningún salto iconoclasta. Pero ese año se dijo de alguna manera que hasta aquí habíamos llegado. Por aquella época Louis había inventado ya todo lo que tenía que inventar. Lo que nunca dejó de hacer es darlo a conocer a todo aquel que no lo conociera todavía. Y entonces se dijo.

A partir de entonces ya no será sólo yo y mi trompeta, o yo y mi banda o yo y mi orquesta. A partir de entonces Louis fue el mismo Louis y sus All Stars. Louis recuperaba el espíritu de sus Hot Five y de sus Hot Seven de aquellos maravillosos años 20. Desde 1947 hasta el año en que se murió y que nací yo.

Los All Stars eran músicos que el correr de los tiempos y las modas habían arrinconado cruelmente y que vieron en la nueva formación de Louis la manera perfecta de seguir enganchados y enganchando a los demás. Unos privilegiados, pues, que por unos años las pasaron putas hasta que Louis les llamó. Excelentes músicos como Trummy Young, Ed Hall o Billy Kyle. Magníficos currantes y artesanos lejos del oropel del status de estrella, como un simpático Danny Barcelona que tocaba la batería.

Hoy pone el Cifu a Louis Armstrong y a sus All Stars. Precisamente ahí comenzó el mito del don de su ubicuidad.

Dos hermanas

Dos hermanas

La cosa va de rubias. La cosa va de pedir explicaciones. La cosa va de un par de canciones.

Hace unos días que vi, y lo avisé, a Julie Delpy. Julie Delpy le canta así en inglés a Ethan Hawke, diez años después de que se despidieran Antes del amanecer. 

Cuando canta Julie, me recuerda a Carla Bruni.

Hace unos días Carla Bruni dijo que sí en un sitio y en una situación que me niego a reconocer.

Carla, me paso a tu hermana Valeria. A partir de ahora lo único que será es que te escucharé. Además, tu hermana Valeria (igual que lo sigue haciendo Robin Wright ex Penn), me sigue recordando a alguien.

Exigencias del guión

Exigencias del guión

A Marilyn Monroe le tomaron esta fotografía un día que se leía o se aprendía o se intentaba aprender el guión o el papel o la frase de alguna película de las que protagonizó. Y Marilyn terminaba por apropiarse de todas las películas.

Sí, ése es el culo de Marilyn.

Mentiras en la delantera

Mentiras en la delantera

Hombre, uno entra en rebeldía ante noticias que lees en periódicos antiguos. Ésos que guardas por si se te cae aceite y te pringa el suelo. De esa forma, me llego a enterar de muchas cosas.  Hace unos días lo hice con dos o tres noticias. Una era la muerte de Frank Morgan, un jazzman que se pasó más tiempo entre rejas que bajo libertad, sin que dejara de lado en ningún momento su maravilloso saxo alto. La segunda noticia fue que Jordi Solé Tura tenía Alzheimer. La tercera noticia fue la que me terminó por molestar. Y yo cuando me molesto, mejor que no sea el día en que me conocéis. Por ejemplo ayer, justo en el momento en el que al Zaragoza le empataron a dos en el descuento.

La cosa es que no sé quién, porque no quise leer más y sólo me quedé con el titular, había proclamado que Angelina Jolie era o es la mujer más sexy en toda la historia del cine. La jodimos. Porque uno mira bien a ver si lo que querían decir era “la mujer más sexy del cine actual”. No, lo ponía bien claro. De la puta historia del cine (¿acaso decían del mundo?) Paso de nombrar a Rita y a Marilyn y a Greta y a Ava y a Jeanne Moreau y a Jean Harlow. Me da igual que Angelina esté muy buena y sería gilipollas si voy yo y lo niego. Porque no es la primera encuesta así que sale y que dice. Pero a veces a un cuerpo perfecto le gana por goleada una cicatriz, una bofetada, un pelo teñido o las mil operaciones que se hizo Sophia Loren. De momento a la Angelina que le vayan dando morcilla. Por cierto, esta noche voy a verme a Julie Delpy. Porque hay veces en que el baremo en cuestión de las actrices va más allá del tamaño que tenga su soberano par de tetas.

La bola de Cassandra

La bola de Cassandra

(Me he dado cuenta de que el día 11-3-2007 ya hablé un poquito de Cassandra Wilson. Creo que me importa un comino. Además, esto ya lo tenía escrito)

Cassandra Wilson lo mismo te canta el Summertime como se te va al folk, o te fusiona o se te pasa al pop. Por eso hoy este post igual no es del todo de jazz. Me da exactamente lo mismo. Cassandra Wilson me gusta de cualquier forma. Tengo que reconocer que cuando hablo de vocalistas femeninas me fijo en más cosas aparte de la música (empleo más tiempo en buscar la foto que en escribir el artículo) Creo, no obstante, que no debo de ser el único. Es posible que por la misma razón otro día hable de Ann Hampton Callaway.

Cassandra Wilson tiene más de medio siglo, aunque el éxito le vino un poco tarde. La señora no necesita defensa alguna porque no hay más que verla para darse cuenta de que Cassandra es de esas personas que se sirven de ellas mismas para hacerse valer. Lo que no he hecho es verla hacerse valer, porque el día que vino a Zaragoza hace unos cuantos años, no la pude ver no me acuerdo ya por qué. Creo que fue un octubre de hace seis o siete años por el Pilar. Fue un año en que le dije a mi amigo Fernando que, si había que comparar, su voz se parecía más a la de Billie Holiday que a la de Ella. Si con el tiempo mi amigo Fernando, a quien no veo desde que se marchase a Madrid, me hubiera vuelto a preguntar, le hubiera dicho que Cassandra Wilson, de parecerse, se parecería más a la de Betty Carter o a la de Sarah Vaughan. Hoy le diría que la escuchara, porque la chica va mucho a su bola.

Pero decirlo, ya lo he dicho antes: Cassandra Wilson me gusta de cualquiera de las maneras. Aquí la tenéis de regalo.


El hombre que sabía enamorar

El hombre que sabía enamorar

Hacedme caso, porque creo que no os defraudaré, si un día os queréis enamorar o si un día os urge enamorar a alguien. Hubo un señor, no hace tanto tiempo, que se encargaba de enamorar a todo el que le quería escuchar, allá desde finales de los años 30. Aquel señor le llegó a dar nombre (junto al contrabajo de Jimmy Blanton) a casi casi la mejor orquesta que tuvo nunca Duke Ellington. Aquel buen señor, mientras vivió, era el mejor hombre que había sobre la tierra cuando había que sacar del saxo una balada. Lo más parecido era cuando la balada la tenía que tocar Dexter Gordon o John Coltrane.

Me parece que todo esto lo digo sólo porque acabo de oír al hombre éste del cigarro cómo acompañar por detrás cuando cantaba Billie Holiday (espero que el jazz me perdone si cometo la blasfemia de olvidar cuando Lester hacía con Billie algo más que un acto de amor)

El hombre éste del cigarro que sabía enamorar se llamaba Ben Webster. El  puñetero de Ben Webster.


Written by

Written by

Escribo mal. Escribo fatal. Me estoy dando cuenta últimamente, cuando anoto las grabaciones de jazz que llevo haciendo en mi agenda desde el año 1994. Desde 1988 si cuento las de soul y pop de los 60. Comparo si escribí Duke Ellington años ha, y leo lo que escribo después de escribir Duke Ellington hoy y llego a la siguiente conclusión: la Ellingtonia sigue sonando igual que antes, si cabe mejor, pero mi escritura decae más y más. La mala costumbre del ordenador (¿los ordenadores tienen buena, mala letra?), la falta de costumbre de escribir una carta para ella, para ti (tengo que remontarme al año 2000) Las cosas a la hora de escribir ya no son lo que eran.

Mi letra, esa escritura que tenemos nosotros, irregular, punzante, nerviosa, casi hiriente, tan contraria a la famosa letra de chica, es cada vez más irregular, punzante, nerviosa e hiriente. Me acuerdo de que hace 13 años (y medio) ya pensaba yo que mi letra se estaba volviendo cada vez más irregular, nerviosa y punzante. Me acuerdo de que no me caían demasiado bien aquellos cuadernos Rubio, sobre todo aquel número 3, que me salté, literalmente. No tendría la mejor letra de la clase, pero no me dejaba acentos. Sigo sin dejármelos, incluso si la palabra se escribe con mayúsculas. Siempre hay alguien que me lo echa en cara y dice que no. Seguro que también esa persona, seguro, escribe mejor que yo.

The end

The end

No tiene que ver mucho la canción con lo que quiero decir pero se dice so long. Como toca decirle eso a estos días, y todavía no había venido aquí Leonard Cohen, y esta canción me gusta, mucho, pues eso, que so long.

A ver si me veo el I’m your man.


Tesoros en el estuche

Tesoros en el estuche

Yo tampoco he hecho ninguna lista de lo mejor y de lo peor del año que se murió hace dos días. Tengo excusa por la maldita, jodida e inoportuna afección viral que a mí también ha tenido que visitarme estos últimos días. Ya ves, my Darling, que hasta en esas cosas tan tontas nos tenemos que parecer.

La cosa es que el otro día, casi por casualidad, descubro que en un lugar apartado tengo un estuche donde se me han ido atesorando tesoros. Lo desempolvo. No sé muy bien por qué (lo sé, pero tengo que decir que no lo sé) las razones por las cuales están guardadas en ese estuche Sombrero de copa, Cenicienta, Faces, Thelonious Monk: straight no chaser, Quai des brumes, Qué bello es vivir, El apartamento, Perdición, el Real Zaragoza 6 - Real Madrid 1 de hace dos años de Copa, El manantial de la doncella, Todos dicen I love you, El retrato de Dorian Gray, Shadows, Manhattan, Johnny Guitar, El tercer hombre y Los cuatrocientos golpes de Truffaut.

La cosa era daros alguna idea para lo que toca este fin de semana.

Thank you, Mr. Peterson

Thank you, Mr. Peterson

Gracias por no creerte nunca que eras el mejor.

Gracias por todos tus tríos.

Gracias por tocar y repetir con Ella y con Billie.

Gracias por enamorar con Lester, volar con Fred Astaire, con Dizzy, con Getz. Con Louis.

Gracias por generar toneladas de adrenalina, por habernos enseñado lo que era el swing, por ponernos a todos cachondos.

Gracias por hacerme llorar mejor dibujándome sonrisas.

Gracias por tocar el piano.

Gracias por saber tocar el piano.

Gracias por irte sin hacer mucho ruido.

Gracias por todo, Oscar. Muchísimas gracias.


Birth

Birth

Antes en las nochebuenas, como la nochebuena de 1954, había gente que tenía la buena costumbre de fabricar obras maestras. En Hackensack, New Jersey, detrás del cristal del estudio de grabación Rudy Van Gelder, el ingeniero, fue testigo directo de la difícil gestación de una de ellas. Esto que vamos a leer tú y yo bien pudo ser el diario de a bordo que escribiera Rudy después de cenar en nochebuena:

“Bonita sesión la de hoy, vive Dios. Le dije a Miles que sí, que nadie en su sano juicio había reservado el estudio para un día como hoy. En definitiva qué problema puede haber, si a mí me lo pagan igualmente…”

Me gusta la camisa que se ha traído Miles Davis. Este jodido tiene buen gusto a la hora de vestirse. Thelonious Monk no se ha quitado las gafas negras en ningún momento. Milt Jackson, Percy Heath y Kenny Clarke se han puesto a repasar las partituras en un rincón. Me lo ha parecido o Miles y Monk apenas se han dirigido una mirada antes de ponerse a tocar. Nunca es fácil dominar a dos divos cuando se encuentran frente a frente. Y tampoco hasta ahora había tenido que separar a dos músicos en mi estudio para que no llegaran a las manos.”

“Miles sólo quería cuatro temas para el disco. El Bemsha swing y el Swing spring han caído como la seda. The man i love lo ha repetido Miles. No sé por qué no meten también las tomas alternativas estos productores. Luego hemos grabado el Bags’ Groove. Menudo solo de Monk…”

“Me lo ha parecido a mí o Miles, en la toma dos de The man I love, se ha cargado el solo de Monk. Monk estaba haciendo al un solo cojonudo, y en éstas que Monk se ha parado de tocar. Para mí que la pausa que ha hecho formaba parte del solo, aquello era algo planeado por Monk. Y va Miles, y creyendo no sé qué, se ha arrancado con la trompeta deshaciendo el hechizo que Monk había creado con su silencio… No he querido decirle nada a Miles. Suficiente tenía ya con su pianista y no era plan de añadir más leña.”

“Y en éstas que Miles ha dejado de tocar y, dirigiéndose a Monk, ha explotado: no aguanto tu forma de acompañarme, serás un pianista de puta madre tocando solos, pero no voy a tolerar más la jodida manera tuya que tienes de tocar por detrás de mi trompeta. Entonces Monk se ha levantado, se ha encarado con Miles y ha empezado a arder Troya. La discusión creo que se oía hasta fuera del edificio. Detrás del cristal adivinabas fácilmente lo que aquellos dos hijos de puta se estaban diciendo a la cara. Los demás los hemos separado como hemos podido. Milt, Percy y Kenny estaban acojonados. Joder, todos estábamos acojonados. Y a pesar de todo, he dado gracias al cielo por una cosa, porque por mucho que aparente Miles y toda la gaita, creo que Monk le hubiera noqueado de un simple manotazo.”

Cuentos de navidad

Cuentos de navidad

Nunca estuve más atento a un silencio. Más de una vez hasta me gusta.

Bendito el día en que John Lennon compuso la canción de navidad menos gilipollas de la historia. Sé que a algunos de vosotros no os gustan nada las parafernalias de estos días. La canción también vale para los que vamos a ponernos a recordar tiempos menos malos.

No sé, supongo que esto es lo más parecido que se me ocurre a una felicitación de navidad sin que se note mucho. O ver El apartamento. O ser James Stewart en Qué bello es vivir. O leer el cuento de navidad de Auggie Wren. O ver Smoke.

Prefiero decir que ayer fue el día en que el otoño se nos fue.


Cine mudo (II)

Cine mudo (II)

Solamente pido un par de cosas la próxima vez que vaya al Festival de los Jóvenes Realizadores de la ciudad que me parió:

Que el cortometraje que más me guste de todas las sesiones no sea el único que no reciba aplauso alguno en todo el festival.

Que la próxima vez que gane un corto no me den ganas de abofetear a cada uno de los miembros del jurado. Hace dos años me pasó porque el corto en cuestión no llegué a entenderlo (y meses después se fue para los Oscar) y este año porque si no el peor, el corto en cuestión me pareció de los peores. Sir Henry puede dar fe de que una simple mirada vale para dar mi veredicto acerca de una película.

Lo pido por favor.

What's good about goodbye

What's good about goodbye

No lo he dicho antes porque es algo que no me gusta que pase: no me gusta nada todo lo que viene detrás en una despedida. Nunca me ha gustado y, con el camino que llevo, creo que en el futuro seguirá sin gustarme. Hay gente de la que nunca me gustaría decirle adiós; a otra gente no me gustaría decirle ni hasta luego, y otra gente a la que no me gustaría dejar de ver nunca. También hay gente de la que no me pude despedir y eso doy fe de que en algún caso jode casi tanto como lo otro. No me gusta conjugar ese verbo que despide ni que me lo conjuguen. Casi nunca me salen como he pensado las despedidas que antes me he planeado.

Tampoco me gustan las cosas que se lleva consigo una despedida. No me gusta que casi todas las despedidas sean de noche. Alguien tendría que obligar que las despedidas duraran más.

Yo tengo la teoría de que a todos los letristas que había en el mundo, esos Mercer, esos Porter, esos hijos de la grandísima, se les quedaría pequeño el mayor de los Premios que se les dé a los que se dedican a escribir. Ex aequo o post mortem, como les pase por la entrepierna. A estos santos hombres habría que hacerles algo. Por lo menos al tío que escribió What’s good about goodybe.

Un domingo cualquiera

Un domingo cualquiera

Evidentemente, puede haber cosas mejor que hacer a estas horas, una tarde de domingo, o la hora que demonios sea cuando alguien me lea este post. Una de las que se me ocurren a mí, poco antes de irme a ver el fútbol, es escuchar esta canción.

A ser posible, en compañía de otros. O de otras. A oscuras, a ciegas, en blanco y negro.



A quien corresponda

A quien corresponda

Cuando Marilyn cantó aquello del I wanna be loved by you, no sé si lo hizo como una llamada de socorro o es que era su forma de decirle al mundo lo que le gustaba a ella la vida. Como, en todo caso, a todos y cada uno de nosotros alguna vez nos han dado ganas de decirle a alguien esas seis hermosas palabras, y como quiera que es muy difícil aguantarse el modo en que Marilyn termina ese suspiro hecho canción, no vendría mal alimentar esta noche nuestras mentes poniendo en repeat los últimos segundos que se escuchan de su voz.

Creo haber oído en su día una versión antigua. Al Jonson, Cab Calloway, no recuerdo. La canción la compusieron en los años 20. En realidad el I wanna be loved by you es una cosa tan vieja como la vida.


Dios es una mujer

Dios es una mujer

No sé por qué, pero  me encuentro bastante a gusto cuando veo una película francesa. Sea del año que sea. Sea del año que sea quiere decir que me da igual que salga Emmanuelle Beart, o Juliette Binoche o Isabelle Huppert. Mejor si salen éstas, pero casi me da lo mismo. Sea del año que sea, siempre me gusta ver las películas en las que sale Jeanne Moreau. Aunque en 1970 y pico Gerard Depardieu jugara en una escena de cama con el mito de una Moreau crecida y por ende enriquecida, madura, maravillosa. En una de las últimas películas que me he visto, Antonioni le cala los huesos debajo del agua en una notte llena de lluvia y deseos. Por fortuna para ti y para todos los espectadores. Aunque Monica Vitti le roba un par de escenas. Y aunque La notte no sea una película francesa.

No me he resistido mucho a poner a Jeanne Moreau así, en esa foto.

Dianne y las dos guitarras (inspirado por O.)

Dianne y las dos guitarras (inspirado por O.)

Ayer hubiera matado por sentirme como se sentía Dianne Reeves. Hubo algún momento en que sonó una balada, hubo algún momento que pedía a gritos hombro. Más si a tu lado no tenías a nadie (conocido) Dianne Reeves estaba flanqueada por dos guitarras. Cantó, divirtió, animó, incitó, estremeció, provocó. Para mí que en algún momento hasta se puso cachonda. Y estoy seguro de que también les puso cachondos a Romero Lubambo y a Russell Malone.

A mí, anoche, también me hubiera gustado ser guitarrista.

El cine

El cine

He tenido la suerte de verme estos días un montón de buenas películas. A mayor número de buenas películas, mayor probabilidad de encontrarte con diálogos de ésos. Esto se lo dice Glenn Ford a su chica en El tren de las 3:10, del año 57.

-          La encuentro un poco delgada.

-          Ya sé que lo estoy.

-          Las chicas delgadas no me disgustan con tal de que tengan la boca bonita y los ojos azules. Usted los tiene azules.

-          Pardos.

-          Tampoco es necesario que sean azules.

(Breve pausa y beso)

Sería justo lo que me gustaría decirle (y hacer) a alguien algún día. Eso es, sencillamente, el cine.