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jácaras reales

No disparen al pianista

No disparen al pianista

¿Puedo decir, hacer una acotación, respecto a lo que dije el otro día? Es que vengo de escuchar a este señor de arriba. Un día en un programa de radio, de cuyo nombre prefiero no acordarme, tres gurús de la música pop dijeron de algunos músicos del género que hacían jazz que parecía aquello puras masturbaciones mentales (sic) Aquello me sentó tal como si me hubiesen alcanzado de un disparo en la zona de flotación. Iba a decir una barbaridad ahora, pero diré que lo que hice ese día fue oír cómo tocaba su piano el mismo señor que he escuchado esta mañana. Ese grandísimo hijo de puta.

Descubriendo a Amy

Descubriendo a Amy

Amy es inglesa y no tiene más de 23 años. Hoy es la primera vez que oigo hablar de ella, pero no la primera vez que la escucho porque Amy cantaba una versión de una maravillosa canción de Carole King y de las Shirelles en la horrorosa  segunda parte del diario de Bridget Jones. Por lo que veo sólo le ha dado tiempo a grabar dos discos. Si quisiera, le podría hacer algún paralelo con Norah Jones. Si quisiera, porque la música que hace tampoco es que tenga mucho que ver. Y además, no me da la gana.

Me recuerda a mucha gente y a muchos nombres, lo cual puede denotar que todavía anda buscando su estilo. Tiene lo que tiene una cara cuando hace que mire mucho a una cara. A veces me recuerda descaradamente a la Tamla Motown. Y como a mí me gustan bastante los chicos y sobre todo las chicas de la Tamla Motown, Amy Winehouse me despierta las sensaciones que me despiertan todas esas canciones que contienen tanta alma.

Uno más

Uno más

Sigo con pianistas. El último se ha muerto y se llamaba Andrew Hill. De los más escalofriantes compositor e intérprete del jazz y del piano moderno. Me vais a hacer un favor, si alguno no lo conocía. Escuchadle. Menos salvaje que Cecil Taylor, tan iconoclasta como Monk, un pelín más conocido que Elmo Hope.

Por supuesto, me he enterado de rebote y sin buscar, como todo lo que se encuentra siempre en Internet. Para variar. Se murió ya hace una semana.

Recomiendo este disco. Por decir uno.

Cómodo

Cómodo

Hay un tío que me gusta horrores cuando se pone a tocar el piano. A Herbie Hancock lo he visto en directo, pero a McCoy Tyner, no. Todavía estoy a tiempo, si a los programadores del Zaragoza Jazz lo tienen a bien. Esa herencia post-Coltrane. Ese trío de ritmo con Garrison y Elvin Jones. Me gustaría ver a McCoy Tyner porque reconocer su sonido ya lo reconozco. McCoy Tyner hace solos como si estuviese acompañando. Si me lo pidieran, diría que es mi pianista favorito. Me siento muy cómodo con él.

La portada de los discos de la Blue Note los diseñó Reid Miles.

Anoche soñé otra vez.

Sueños son

Sueños son

Hoy he vuelto a ver a la mujer de mi vida, sólo que en otro contexto, en otro tiempo. La habré visto ya dos o tres veces con la de hoy. Y bueno. Sigue siendo la mujer de mi vida. Lo que pasa es que me parece que ella no lo sabe. Y por qué han pasado tantos años. Y juro por lo que queráis jurar que de fondo estaba sonando el I’ve got you under my skin. Me ha parecido que a ella también le gustaba. Yo por lo menos he sonreído y se la he cantado con los ojos Nunca supe, y mira que lo intenté, cómo se llamaba la mujer de mi vida. Por la tontería de que era Anita (O’Day) quien cantaba under my skin, he terminado por bautizarla. Unos minutos después se me han roto las gafas.

Seguiremos soñando.

I remember Wes

I remember Wes

No sé por qué cojones no he hablado todavía de Wes, si lo que estoy escuchando en este momento se acerca tanto a la perfección. No sé lo que tienen todos los guitarristas: Kenny Burrell, él, Barney Kessel, Django, Papá Christian, Les Spann, Charlie Byrd, Joe Pass, Jim Hall. ¿Será que son muy buenos? ¿Será que ese instrumento es el más infravalorado cuando suena el jazz? ¿Será que no me he puesto suficientes discos de guitarras con jazz?

Ese instrumento tiene suerte. Tiene suerte de que lo toque gente como Wes. De que lo empezara Django. Del Stardust de Christian. Dios es Kenny Burrell. Una guitarra puede intimar, puede doler. Puede acariciarse o lastimar. Tiene mil disfraces, pero nunca engaña. Es un instrumento que habla muy bien. Y se hace muy amigo de las baterías y de los saxos. Y me parece que los amos las tratan con bastante tacto. Me lo está diciendo Wes.

A solas con Simone

A solas con Simone

No me gusta escuchar  muy fuerte la música y ya por ello la gente me dice. Será por eso de no molestar a los demás, porque no quiero que nadie escuche lo que escucho o porque no es sino otra manía más. Le acabo de bajar el volumen a un maravilloso disco que Annie Ross grabó con el saxo de Zoot Sims. Estaba demasiado alto o me ha entrado otro ataque. O que Annie Ross me lo pedía. O el cuerpo me lo pedía, o era el día, que se ha puesto a llover. Y eso que no es de noche. Hace un tiempo pasaba por una casa baja de Ciudad Jardín y alguien  se ponía bien alto el programa grabado del Cifu de la noche anterior. O discos. Y me daban ganas de gritarle “sí señor”. Y de hablar con alguien de jazz. ¿Por qué es tan difícil hablar con alguien de jazz?

La protagonista de La mujer rota, que es un libro que me he leído de Simone de Beauvoir, se pone música de jazz cuando quiere estar sola, que no es poco tiempo, porque el marido le engaña con otra. Aunque a veces la mujer rota no tiene ganas de escuchar músicas ni de oír ninguna otra historia. Simone de Beauvoir decía que el jazz negro era lo que era porque tenía "duelo, trabajo, sensualidad, erotismo, dicha, tristeza, rebelión y esperanza". Simone de Beauvoir tuvo dos veces suerte: haber nacido para vivir aquellos años y tener dinero y ver tocar jazz a los negros. Tampoco me gusta que me vean leyendo ni tampoco ver cómo leen a los demás. Y el libro de Simone me lo he leído bajito.

Algunas cosas es mejor hacerlas solas y en silencio.

El director no existe

El director no existe

El buen pastor no es ninguna obra maestra. Es un poco larga y le sobra media hora. Pero, si puede ser, le pediría al Altísimo que de Niro se pusiera otra vez pronto detrás de la cámara, porque durante esas casi dos horas primeras he disfrutado como sólo saben disfrutar los enanos, aunque nunca haya terminado de entender de dónde proviene semejante expresión. Igual son muchos 167 minutos. Pero bueno. De Niro me convence detrás de la cámara, casi tanto como me convenció en su momento cuando estrenaron con dos años de retraso su preciosa historia del Bronx. Es que no parece que haya director en este buen pastor. No sé si me explico, pero creo que eso debería ser un halago en un director. Porque Robert de Niro ya es director. Ya no podemos decir eso de que es su única película, como hizo Charles Laughton.

Es que el argumento se podría prestar a cierto barroquismo, lo que pasa es que a de Niro no le gusta el barroco. Por eso digo. En la película hace frío por culpa de los azules y de los grises. Y puede que sea lenta, pero es que lo hace adrede. No me gusta saber mucho de una película antes de verla, por eso sólo hablo así, no quiero decir nada de la historia. Hay veces en que no sé absolutamente nada cuando voy a ver una película y es como lanzarse al vacío. A veces aciertas y otras no. Últimamente lo he hecho con Borat, película sobre la que tenía tal prejuicio antes de verla, que el entusiasmo que me invadió riéndome como no lo había hecho en años viendo una película puso en evidencia que mi instinto me había fallado con ella. Me encantó lanzarme al vacío con Borat. Aunque Borat tampoco sea ninguna obra maestra.

¿No se parece? (II)

¿No se parece? (II)

Primero quiero que oigáis estas dos.

La primera vez que oí ésta, me la oía y me la repetía con ganas junto a las demás canciones que tenía en la misma cinta. Aquellos años, Radio 80.También estaba Aretha Franklin, Otis Redding y algún que otro instrumental. Viven igual que antes, oídas ahora estas canciones veinte años después. Al poco tiempo me vendrían las chicas y los chicos de la Tamla Motown. Pero eso es otra historia.

La primera vez que oí ésta, agosto del año 88, me compré el álbum rojo y el álbum azul dobles del grupo que canta esta canción. Ésta iba en el segundo disco del álbum azul doble del grupo que canta esta canción que me compré. Desde entonces soy bastante parcial cuando hablo de estos chicos.

Y ésta es del año 94. Suena en Pret-â-porter, aquella película olvidable de Robert Altman si no es porque la cosa terminaba en un desfile de moda bastante natural. Lo otro que se salva de la película es Julia Roberts, aunque sale muy poco, y la presencia de alguna que otra actriz más. También sale Forest Whitaker, y hay una secuencia en la que Sophia y Marcello homenajean una película suya anterior. Pero nada.



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Escuchad y juzgad.

La culpa la tiene Patricia

La culpa la tiene Patricia

Si metes a dos personas dentro de una habitación solos para que vean juntos cualquier película de David Lynch, seguro que a uno le parecerá la cosa de una belleza inusitada y al otro, en cambio, dirá que David Lynch no es precisamente santo de mucha devoción. Me parece que tampoco David Lynch sea de la gente que  aparece mucho en las listas de mejores directores, en los primeros puestos, al menos. Lo malo es que a mí a lo mejor tampoco se me ocurriría ponerlo en mi lista. O igual sí, pero tengo que decir que no para montar todo este tinglado.

El dueño de este ascensor se pregunta si Woody Allen, si Clint Eastwood, si Scorsese, es el mejor de los treinta últimos años. Y yo, pensando, me digo, que si yo estuviera en la habitación trataría de convencer al otro de hacerse devoto de David. Carretera perdida me la he visto porque Olvido dice en un documento secreto que Carretera perdida tenía algo que ver con el jazz. Y es verdad, en cierta forma.  Pero claro, echas la vista hacia atrás y piensas que este tío tiene una obra maestra y una película de terciopelo. Y Carretera perdida no me la había visto todavía y doy gracias al cielo por haberlo hecho. No es por cargar más las tintas en la supremacía del protagonismo femenino que han adquirido últimamente los artículos de este blog. Pero si Carretera perdida es lo que me ha parecido ayer cuando la vi, la culpa la tiene esta buena señora que hoy por hoy se encuentra relegada haciendo de médium en televisión. Eso, el personaje de Robert Loggia, los cadillacs, la música de Badalamenti y la atmósfera cero creada por David Lynch.

No hay colores

No hay colores

Creo que la polémica todavía existe. Una polémica absurda, que no quiero alimentar por no hacerla todavía más absurda. La polémica dice que si hay racismo en el jazz o que si éste que toca jazz es blanco y en cambio yo no lo soy. Paso de arrear en esas direcciones  a estas alturas del partido. Lo que sí es el jazz es machista y mucho, y de eso no se habla. Pero yo, por ejemplo, no supe hasta muy tarde que Hampton Hawes no era blanco, o dudaba al principio si Zoot Sims era negro. O Al Haig. ¿Entonces los japoneses? Elvin Jones tocaba el asunto de refilón cuando le leí en el Cuadernos de Jazz que me regalaron en el San José de 2004:

“Verdaderamente no veo diferencia entre unos y otros (europeos y americanos) a la hora de tocar. Lo que sí veo es que los europeos no tienen la gran tradición americana. En mi opinión esto es muy importante, pues esta tradición sirve como punto de referencia ineludible, cosa que los europeos no tienen”.

A un trompetista negro le vi torcer el rictus cuando Pablo Carbonell (vuelven los Toreros Muertos) le preguntó en un CQC que si los blancos le habían usurpado esta música a los negros.  Interpreto que era de broma lo de torcer el gesto. Y en los geniales documentales de Ken Burns  he oído también alguna cosa. La verdad es que me aburre la cosa. Me aburre cuando escucho a veces que si el jazz tiene color. Pero sé que hay gente que opina y dice. Y que tire la primera piedra el que nunca haya oído un disco de blancos o de negros y no haya pensado. Porque yo algunas veces he pensado y he dudado. Y no sé si dudo todavía. Porque es muy fácil decir que no. ¿Hay racismo en el jazz? Pero también escucho los discos del Jazz in Paris y me dejo llevar. O escuchad a Bernard Peiffer. No parece que sea francés.

¿No se parece?

¿No se parece?

La primera vez que vi lo de los parecidos razonables fue el día que el Fotogramas dijo que Mercedes McCambridge era clavadita a Arantxa Sánchez Vicario. Ahora todo el mundo le encuentra parecidos razonables a todo el mundo, pero aquello era del extra julio-agosto de 1989.

Los parecidos razonables no sólo se reducen al parecido físico. Puede haber parecidos más que razonables cuando en tu vida diaria tienes una idea que ya ha tenido otra persona, cuando ves un plano en una película que te recuerda sospechosamente a otra película. Y también puede haber parecidos razonables en algunas canciones. En algún sitio llaman a eso de otra manera, pero tampoco vamos aquí a marear la perdiz. Mareadla vosotros escuchando estos dos temas, el primero de Cole Porter y el segundo, posterior en el tiempo, de Nacio Herb Brown.




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Kabarett

Kabarett

Hasta hace poco no me había visto todavía El ángel azul y mira que habré visto veces la foto famosa de las piernas de Lola. La verdad es que es de esas películas que no sabes si ya la habías visto o no hasta que la ves. Y no la había visto, no. Y ciertamente que me sorprendió. Las que no me sorprendieron fueron las piernas de Marlene, de Lola, quiero decir. Y la verdad es que a veces a mí Marlene me parece una mala actriz. Me parece mejor en fotografía que cuando habla, salvo haciendo de Lola o de Testigo de cargo. No sé si era buena actriz o no. Como mito está muy bien. Y quién la viera de kabarettera antes de.

Lo cierto es que quiero hablar de cabaret, y de otra mujer. Al igual que Lola, una mujer de cabaret. Juliette Greco, una de las primeras novias que debió tener Miles Davis en Europa. Juliette Greco también canta el cabaret pero en francés. Bueno, más que cantar, las actúa, las canciones. Cosa que es preferible en cabaret. ¿Os gusta también Ute Lemper? Me sigo quedando con Bilbao. Quien quiera que la cante.

Quería saber la razón por la que Miles se enamoró de Greco. Y me ha parecido averiguarlo escuchándole su tono de voz. Sólo quería saberlo.

Sólo mía

Sólo mía

Ayer o anteayer fue San José. Me han regalado una cosa que está muy bien y es que la agenda que me han regalado no tiene ningún año puesto en la tapa. A mí, que nunca me ha dado por las agendas, la que me han regalado me ha gustado bastante. These foolish things. Esas cosicas que te hacen ilusión. Lo que pasa es que quiero utilizar la agenda y no sé realmente para qué. Lo único malo es que la agenda no sea de tamaño bolsillo.

Creo que alguien que me lee utiliza una agenda para escribir las asignaturas pendientes que tiene. ¿Vale escribirlo con lapicero y borrarlo después? Ahora recuerdo, era con santicos de jazz.

Mi agenda es una agenda sin tiempo y sin fecha de caducidad, aunque un día se morirá. ¿Vale hacer listas de cosas ya vistas o leídas o escuchadas? ¿Puedo poner mis canciones favoritas, las películas que te dicta el corazón, actrices que me gusten por su nombre? No sé, letras de Cole Porter.

¿Vale escribir que me gustaría escribir más a mano y dejar alguna vez apagado el ordenador? ¿Que ayer nevó?

Por ejemplo. Siempre me ha gustado Dominique Sanda.

Blonde and blonde

Blonde and blonde

Ingrid Thulin se murió en 2004. No lo sabía. A Ingrid Thulin la he visto esta semana. La he visto encima de un escenario lanzándose puyas con un ex amante director de teatro, que a su vez se motiva con la actriz joven que protagoniza su obra. Básicamente es el argumento de Tras el ensayo. Y digo que muchas veces se habla de las rubias de Hitchcock, y con razón. Hoy voy a hablar de las rubias de Bergman. Porque Ingrid Thulin sale ya en Fresas salvajes. Y lo que son las cosas, en Salon Kitty. Hay un actor rubio en el cine de Bergman que me recuerda de veras a Kevin Kline. La mejor definición del actor que me recuerda a Kevin Kline la he encontrado aquí.

Las dos rubias de Persona, por supuesto. Decía Buñuel que no le gustaba el erotismo o los desnudos en su cine. No sé qué decía Bergman pero en Persona le sale muy bien lo que enseña. Y la figura de un falo en los inquietantes títulos de inicio. Bibi Andersson, que si no fuera sueca la habría inventado Truffaut. Los ojos de Liv Ullmann, Senderos, la biografía en forma de diario donde se desnuda Liv Ulmann. O Liv Ullmann en cierto plano frontal de Saraband en plenos 65 años. Me gustaría ver las primeras películas que dirigió Liv Ullmann antes de Trolosa. Harriet Anderson era más morena y creo que la más guapa de todas.

Los ojos, la sonrisa, los labios de Liv Ullmann. La foto de los ojos y los labios de Liv Ullmann en la portada y contraportada del libro en que se desnuda. Liv Ullmann no es guapa. Igual estoy equivocado, pero Liv Ullmann es preciosa.

Las reinas del corazón

Las reinas del corazón

Continúo. Cassandra Wilson podría haber participado muy bien con Clint Eastwood y todo se andará. Si por mí fuera. Cassandra sale en The score cantándole a Robert De Niro pero no es lo mismo. Tampoco es suficiente para que hable de ella en mi otro blog. Mejor aquí. ¿Es guapa Cassandra? Me la pela. La última película de Woody Allen en inglés se llama El sueño de Cassandra y no sé si habrá ópera o habrá jazz. ¿Qué habrá en el proyecto Allen que rodará en Barcelona? Bardem y Pe.  Lo siento, Olvido. Peor, en El sueño sale Colin Farrell.

Madeleine Peyroux no es guapa pero canta. Hace 13 años, la primera vez que la escuché. Norah sí es guapa. Se lo decía a Olvido (again) en un comentario: qué demonios tiene Norah que la diferencia del resto de coetáneas, jazz-no jazz. Igual es, como decía Olvido (again), el padre que tenía. Palabreja esa del mestizaje. Norah Jones está muy buena y punto. Y canta, también.

Olvido, ¿por qué me recuerdas a Norah Jones?

Again.

De vez en cuando, Me'shell

De vez en cuando, Me'shell

Hace poco que la mujer de John Coltrane se marchó con su marido al país de las maravillas. Hace poco descubrí que John Coltrane tiene otro hijo que se llama Oran Coltrane. Tengo que reconocer que no tengo nada de la mujer de John Coltrane. Miento, Alice Coltrane tocaba el piano en los últimos grupos de John Coltrane. Lo único que tengo de Oran Coltrane es una colaboración que hace con el saxo alto en un disco de Me’shell Ndegeocello. Me’shell Ndegeocello es una cantante- bajista-multi-instrumentista de la que no tenía la más mínima idea que practica el soul, la fusión, el jazz y, en otros discos que no es el que tengo, el hip hop. Me gusta, tengo que reconocerlo. El disco que tengo de Me’shell, digo. Oran Coltrane también ha tocado en algún disco de la viuda de John Coltrane. El otro hijo de John y Alice Coltrane es Ravi Coltrane. Lo mejor de Ravi Coltrane es que no recuerda para nada a John Coltrane.

No es que rehúya de la gente como la Me’shell Ndegeocello. No sé por qué hablo de ella, incluso. Pero bueno, de vez en cuando hay que echar un vistazo por ahí, como aquél que dice. Y oír, a ver lo que se escucha más allá del jazz. De vez en cuando. Cosa rara.

Pasiones de un hombre

Pasiones de un hombre

El primer post que escribí, ahora que hacen justo dos años, se lo dediqué a la memoria de un puñado de actrices de ésas que siempre me dicen algo desde la gran mentira del cine. Donna Reed, June Allyson, Margaret Sullavan. El otro día descubrí un blog en francés, más sencillo que él mismo, nacido para recordar en imágenes las viejas glorias del pasado. Buscaba fotos de Natalie Wood, Claudia Cardinale. Audrey Hepburn. For sentimental reasons. El último artículo que escribí se lo he dedicado a otra mujer, y el anterior, también. Y alguna que otra vez, se los he dedicado a otra. El caso es que necesito hablar de ellas, con ellas o para ellas, porque me lo pide el cuerpo, porque sí o por otras razones, puramente peregrinas. Igual la razón es la misma razón por la que siempre vuelves a refugiarte en las mismas canciones.

Hace dos años no sabía realmente lo que le iba a suceder a este blog, ni tampoco al otro. Sigo con mis dudas, igualico que el primer día, y espero seguir dudando y preguntándome cosas el año que viene por estas mismas fechas. Si tengo la suerte de seguir dudando y no se me ocurre nada mejor de lo que escribir, tened por seguro que acabaré acudiendo de nuevo a vosotras. Bueno, no lo garantizo, igual es a vosotras o igual es a cualquier película de Truffaut.

Gloria

Gloria

Para explicar esto tengo que remontarme a la segunda mitad de la década de los 80 del siglo pasado. A cualquier sábado y a la una de la madrugada. Al programa que empezaba antes de que empezara el programa de Juan Luis Cano y de Guillermo Fesser. El programa que empezaba a la una de la madrugada se llamaba Asignatura pendiente, lo presentaba José Luis Garci y era el comienzo de la noche en Antena 3 Radio. Hace un millón de años.

El programa del Garci empezaba y terminaba con una canción que nadie diría que entraba en sus planes de canciones preferidas. A lo mejor en mi lista tampoco. La canción no sé por qué la ponía Garci. Me vino a la cabeza el otro día viendo una película de Leo McCarey. Tampoco viene a cuento decir que me gusta Garci. O me cae bien, me da igual. Garci decía que no se acordaba nunca de la letra exacta. Tiene algo y ya está.

Recuerdo cuando dijeron que por esas fechas habían hecho unas fotos en las que, a sus años y de aquellas maneras, salía la que cantaba, una señora que se llamaba Gloria Lasso.


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Along came Betty

Along came Betty

Si nos ponemos precisos, en el sentido estricto de la palabra buena señora que canta jazz, aún no he nombrado a Betty Carter. Betty Carter no es que sea algo rayano en el jazz-no jazz como Nina Simone. A Nina Simone la nombro porque me recuerda a Betty Carter si pienso en ella. Betty Carter es jazz. Pero no es ésa la cosa. Betty Carter, digo, es tan tremenda, tan buena hembra, tan rotunda vocalista de jazz, que no me perdono haberme dejado de lado el instrumento que esta mujer tiene por cuerdas vocales. Ahora hay algo parecido con Cassandra Wilson, pero Betty Carter era otra cosa. Quizá también por ir tan a su bola y no seguir ninguna moda, o no ser una mujer atractiva o haber montado pocos escándalos, que de todo habrá y seguro que los armó. A Betty Carter, cuando se murió, no creo que hubiera mucha gente que le hiciera justicia. No será atractiva pero a mí Betty Carter me despierta las cosas que aquí se definen tan bien.

La buena señora se pateó mil clubes, ejerció de Pannonica para decenas de jóvenes músicos que empezaron con ella y grabó. Grabó mucho. Y si alguien me pregunta qué es una cantante de jazz le diré que se escuche cualquier disco en el que suene la voz de esta buena mujer. Porque lo que hace esa buena señora es jazz. Por favor. Y luego hablamos.