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jácaras reales

Visto y no

Visto y no

Acabo de ver a Fernando León de Aranoa tomando un taxi mientras yo esperaba el (autobús) 22. Lo despedía efusivo Luis Alegre, que es la mejor agenda de la España del cine. Al lado había una parada de bus turístico con algún que otro guiri y en mi parada había alguna maruja y algún marujón. Fiestas del Pilar. 2006. Creo que era el único que sabía quién era quién. Con León se ha subido al taxi alguien a quien han llamado Ripstein, pero Arturo Ripstein no era. Digo yo. ¿Habré sido yo el único que sepa que Fernando León ha estado en la ciudad que lleva su apellido en el escudo? La verdad, no sé qué decir ya. Que Fernando León lleva gafas.

Solos en la madrugada

Solos en la madrugada

Sé que este post no le va  a importar a nadie, pero eso no me importa. Francamente, que diría el otro. Es que no creo que a nadie le importe que un deportista que ya no triunfa en su deporte se retire, pero bueno. El caso es que se retira, según cuentan. Es que son muchos años ya de mirarle las estadísticas, de sufrir si hacía un mal partido o de estar más feliz que nadie si decidía otro. Ya veis, la tontería, pero no podía dejar pasar la oportunidad para dedicarle estas letras sin interés alguno. Sé que a nadie os importa y que estas líneas son de más. Pero me sale del alma. Que difícilmente podré olvidar a gente que me haya hecho pasar por tantos buenos y menos buenos ratos. Si no hablo yo, no va a hablar nadie, y eso me jode. Le dedico lo mejor del soul negro. A Marvin Gaye, que lo estoy escuchando ahora.

El final de Manhattan

El final de Manhattan

Me identifico con Marty. Marty lo hace Ernest Borgnine. Ernest Borgnine es un actor que igual hace de Marty como hace de malo en Johnny Guitar (¿A cuántos hombres has olvidado..., etc, etc)

 

Me identifico con George Harrison, por eso del tercer hombre.

 

Me identifico con CC Baxter y envidio a CC Baxter porque yo también quiero acabar jugando a las cartas con la Srta. Kubelik (¿Por qué no me enamoraré de alguien como usted? Pero qué loco y qué bueno es usted.)

 

Me he identificado demasiadas veces con James Stewart.

 

Me identifico con el arpa y los silencios de Harpo Marx.

 

Me identifico con el fondo sonoro de la Motown.

 

Me identifico con Josef K.

 

Me identifico con el B/N.

 

Me identifico con los contrabajistas de jazz.

 

Me identifico con la guitarra de Django Reinhardt.

 

Sigo identificado con John Coltrane.

Me identifico con el final de Manhattan.

Un par de milagros o tres

Un par de milagros o tres

A veces ocurren milagros cuando menos te lo esperas y vuelves a creer que los milagros existen. Ya que no en la vida diaria, ya que no en lo que a las ilusiones mundanas se refiere, ya que no en lo que siempre sale mal, sí en el otro disco que me compré ayer por un euro. El milagro sucede cuando oyes cantar a Ginger y Fred y uno se da cuenta de que estás viendo la película, Sombrero de copa o Ritmo loco o Sigamos la flota. De que estás viendo a Edward Everet Horton haciendo de Edward Everet Horton y al extraordinario Eric Blore haciendo de buen actor. Y de que estás viendo el tap de Fred y la cintura de Ginger. Las películas de Ginger y Fred están suspendidas en el tiempo, Fred Astaire estará por siempre suspendido en el tiempo y en el espacio dándole al tap y lanzando a la Ginger que nunca besó hacia el cielo y las estrellas. Bonito el homenaje de Fellini en su Ginger y Fred. Shall we dance es de Gershwin y resume todo ese espíritu. Escucho el Cheek to cheek y luego el Night and day, todo por el euro más satisfactorio del año. Me acuerdo ahora de la película dentro de la película de La rosa púrpura de El Cairo, una de las tres mejores películas de Woody Allen, donde hay un milagro que traspasa la pantalla del cine. Las películas de Fred Astaire están suspendidas en el tiempo como la película dentro de la película de La rosa púrpura de El Cairo. Igual que nunca quiero que se me acaben las películas de Woody Allen, no quiero que se me acaben las películas de Fred Astaire ni que se me acabe de escuchar nunca ese Shall we dance. Porque nunca quiero que se acaben los milagros, porque me da pena. Ahora digo que me parece de puta madre que Manhattan sea en B/N. Y Zelig. Ya he nombrado las tres mejores películas de Woody Allen.

A veces ocurren milagros por un euro y hasta se te olvida que cada 5 de octubre cumples cada vez más años. Gracias a Ginger, a Fred y a tipos como Woody Allen.

La suerte de ser mujer

La suerte de ser mujer

Nancy Wilson es una mujer bastante guapa. Nancy Wilson es una cantante negra bastante guapa, a tenor de la portada del disco que me compré ayer. El disco es una actuación en directo desde Belgrado y me ha costado un euro. Nancy Wilson es esa clase de mujer que te gustaría conocer a cualquier precio. Cuánto pagaría uno por conocer a alguien así. Frances Davis salía en alguna portada de los discos de Miles y también era una mujer bastante guapa. En el de Tender Gender de Kenny Burrell sale una chica recostada en la hierba. El jazz es un poco machista. Mary Lou Williams era pianista. O Marian McPartland. Lil Hardin era pianista y mujer de Louis Armstrong. Horace Silver le puso nombre de mujer a varias de sus canciones. Pannonica de Koenigswater era la baronesa protectora de jazzmen. Monk escribió Pannonica, y Silver, Nica’s dream. Parker se murió en su casa. No hablo de más vocalistas chicas, porque ahí el jazz tiene suerte y casi siempre se escribe en femenino.

Jutta Hipp era una pianista alemana de la guerra fría que quiso tocar en la cuna del jazz. Grabó durante tres años, con Zoot Sims y varios discos a su nombre. Se retiró en el 58, se puso a pintar y se murió sin un duro en el 2003 sin que nadie, y menos su familia europea, se diera por enterado. Donó su cuerpo a la universidad. Resulta imposible encontrar su piano rondando por los estantes. Sólo tengo un These foolish things suyo. Puta vida, ésta.

Otro Señor K.

Otro Señor K.

Krzystof Kieslowski es uno de los cinco mejores directores europeos. Digo cinco porque decir diez o veinte es no mojarse. Pero decir eso de Kieslowski no deja de ser una mera simplificación, porque lo de las clasificaciones ya se sabe. Hace poco le oí decir a Woody Allen que hay tres tipos de películas: las hechas por los grandes de verdad; luego las películas clásicas; y luego el resto. A Kieslowski yo lo pongo a la altura de De Oliveira, Flaherty, Murnau. Hors categorie. En jazz sería Dolphy, Monk, fuera de todo etiquetado. A Orson Welles le oí decir un día que Jean Renoir había sido el más grande director de todos los tiempos, fuera de la archi-conocida frase atribuida a Welles de “John Ford, John Ford, John Ford”. Cuando veo una película de Woody Allen (del cual ya me he visto Scoop, una buena película), o leo a Cortázar o veo una película de Kieslowski, pasa que me emociono, hasta el punto de que llegas a enamorarte también de la película o el libro o un disco. Puede ser que te enamores de una tragedia como la de No matarás, que es la última película que me he visto, Decálogo de Kieslowski, decálogo del que quiero verme todos los mandamientos. El primer mandamiento del que me enamoré fue No amarás.

Fuera de la ley

Fuera de la ley

Le decía a alguien estos días pasados que estos días pasados estaba escuchando los discos de George Harrison cuando los tiempos de George Harrison en los Beatles eran sólo un glorioso recuerdo. El nombre del primer disco de George Harrison, suelto del yugo de los antiguos Beatles, tiene algo de cierto, pero algo de cierto que casi siempre nos negamos a aceptar. Porque es cierto que All things must pass, pero eso es lo jodido, que no todas las cosas queremos que pasen, así sin más, porque  a lo mejor es ley de vida que sea así, pero hay algo dentro de mí que dice que no y no lo quiere aceptar. Pasar página, en definitiva, cosa a la que nos negamos a menudo, igual que no querer pasar de página cuando, como ahora, leo a Julio, que no quiero traspasar de página esas Deshoras por temor a que el hechizo de Cortázar se termine, porque pasar de página a cada página de Cortázar engendra cierta sensación de herejía.

Será ley de vida, pero yo me resisto aún a que algunas cosas pasen a un olvido forzoso, o se pierdan en la memoria o mueran. Mel Torme está cantando con fondo de violines Something to live for, a la que me aferró como un poseso en estos días pasados. La culpa la tienen Duke Ellington y Billy Strayhorn por habérsela inventado. Otros dos hijos de puta.

Blues for Carmen

Blues for Carmen

Carmen es Carmen McRae. A Carmen McRae mucha gente la vio sin saber que era ella en la serie Raíces, o la serie de Kunta Kinte. Carmen McRae hacía de madame de un burdel. Y la verdad es que Carmen tenía su punto. Lo que mejor hacía Carmen McRae era cantar. Hay nombres que se olvidan o que nunca se han recordado. Entre otras cosas, por el When I fall in love que la puñetera Carmen McRae me está obligando a escuchar en repeat. A Carmen McRae la descubrí el año que casi se murió, allá por el 94, gracias a un programa de jazz, que evidentemente, ya no existe como tal, porque la vida de un programa de jazz en la radio española lo tiene claro.

 

Es difícil vivir a rebufo de las grandes. Miles se pasó un poco pero dijo que qué coño era Carmen McRae si Ella era la primera dama del jazz. Ahora que la escucho sólo a ella, pues no la cambiaría por nada en el mundo, me parece la más grande, aunque ya se sabe, Billie acecha a la vuelta, etc, etc. La versión del My Funny Valentine hace que tampoco pueda escribir, perdón.

Lo siento, Billie, pero esta noche te voy a ser infiel.

Un sentimiento (I)

Un sentimiento (I)

Me propuse no escribir más sobre lo que rodea a un domingo por la tarde cuando entran en juego 22 pares de botas, pero ya son muchos años para olvidar que este juego para algunos sigue siendo, por encima de todo, más que nada un sentimiento. El que hoy me despierta la derrota en Riazor de mi Real Z. es el de cabreo, porque a tenor de lo oído (otro partido más que no veo y eso sí que jode) parece que jugamos como sólo saben hacer equipos de Víctor Fernández,  o sea, bien. Pero con la derrota nos quedamos. Ahora que también me quedo con el Cai Aimar, que para el que no lo sepa me va a dar más de una alegría cuando lo pueda ver en el campo. Creo que perderemos más partidos que éste, pero me parece también que este año en la Romareda City nos vamos a divertir. Que lo sepa todo el mundo, que ya lo aviso con tiempo.

La verdad

La verdad

No es el amor lo que perturba la vida,

sino la incertidumbre del amor.

No tengo esperanza. Sólo sé que hay

que tenerla. Es vital, hay que tenerla.

La vida está hecha de fragmentos

que no se unen.

 

Esto que parece una poesía o tal, lo parecerá, pero, aparte de todo, es una verdad como un templo.

 

Lo dice en voz en off la Muriel de Las dos inglesas y el amor de Truffaut. Ya me he visto todas las películas de Truffaut, que ya me valía. Las dos últimas son de época y son La habitación verde y Las dos inglesas y el amor. Cada vez creo menos que la vida esté hecha a base de casualidades. Tiene que haber alguna mano por ahí que mueve los hilos, por ahí arriba, o vete tú a saber dónde. He ahí la definición: Esta tarde pienso en alguien a quien no veo en años y al rato la veo. Eso me ha pasado esta tarde. La casualidad o el azar juega mucho en las películas de Truffaut. Desde su célebre “mise en scene”. Ya he hablado de Truffaut más veces, pero me da lo mismo. Y de la imperfección de sus películas hay mucho que hablar. Me gusta su imperfección. Más allá de la perfección de Spielberg, con el que se encontró en la tercera fase. 1941 es la más imperfecta suya y la prefiero a muchas.

 

Truffaut se resume en la frase que se me acaba de ocurrir. Si tomas partido por algo, son riesgos con los que hay que correr. Y ahora vuelvo a la frase de arriba, que igual es de Truffaut o es del autor de libro en el que se basa la película y que ya me gustaría que fuera mía. Estos días he vuelto a escuchar la música de Los 400 golpes.

Truffaut me gusta porque siempre dice la verdad.

Ultra soul

Ultra soul

Dos discos de Marvin Gaye. El What’s goin on es como un disco conceptual, palabra horrísona. El What’s goin on me recuerda a Crooklyn de Spike Lee. El Let’s get it on también. Crooklyn es una película denostada de Spike Lee por desconocida. Aquí se fue directamente al video, cosa que quiere decir que oficialmente no tiene la calidad necesaria para estrenarse en cine. Padre, perdónalos. En Crooklyn  sale Delroy Lindo, que es un actorazo, pero ya se sabe. En Crooklyn Spike Lee hurga en los recuerdos de su infancia. En Crooklyn hay mucha música afro de los 70 Creo que está ambientada en el 73. En el 73 no lo sé, pero por esos años los Knicks de Nueva York ganaban anillos con el anagrama NBA. Spike Lee acudía a la cancha del Madison en la temporada del 94 con una camiseta de los Knicks a la vez que estaba haciendo y estrenando la película. Porque Spike Lee no es tonto y cuando Malcom X hizo una campaña de merchandising brutal. Me acuerdo que se encaró con Scottie Pippen después de una jugada, porque Spike Lee se ponía en la fila de los ricos a pie de pista. Me acuerdo de una canasta sobre la bocina de Toni Kukoc ganando a los Knicks, pero eso es otra historia. Toni forever. Los jugadores de los Knicks vestían como los que salen en Crooklyn por la calle. Walt Frazier, vg. 

Luego me enteré de que Spike Lee y Scottie Pippen se habían hecho muy buenos amigos. O quizá ya lo eran. Este Spike es muy listo. Me gusta el plano final de gente afro de Crooklyn  bailando en un programa de televisión con música ultra-afro. El What’s goin on lo acabo de oír hoy y me gusta mucho. El What’s goin on tiene un valor añadido y es que es del año 1971. El Let’s get it on, que lo escucharé mañana, es del 73.

Me gusta María

Me gusta María

Escuché antes que ver la película de West Side Story. La banda sonora de West Side Story me gusta sobremanera. La banda sonora son las canciones que compuso Leonard Bernstein. Leonard Bernestin compuso la música de La ley del silencio. Tengo un disco con dos versiones que grabó Bernstein de La ley del silencio y West Side Story. En ese mismo disco también dirige su versión de Un americano en París de Gershwin. En West Side Story sale Natalie Wood tocada con un velo blanco de novia en una de las veces que más bonita he visto a una actriz en el cine. No sé cómo se puede enamorar Natalie Wood de alguien como Richard Beymer. Exigencias del guión. A veces la ficción se parece asquerosamente a la realidad.

 

En West Side Story Natalie Wood se llama Maria. No voy a repetir que Natalie Wood me gusta for sentimental reasons. Un día vi en televisión, cuando en televisión se ponían todavía estas cosas, un documental sobre la grabación que dirigió Leonard Bernstein en los años 80 basándose en su música de West Side Story, con José Carreras y Kiri Te Kanawa. La banda sonora de West Side Story me parece superior a la película, lo cual no quiere decir que la película no me guste. Me gusta mucho y también la coreografía de la película. Manda huevos que el Óscar se lo dieran a los que adaptaron la música de Leonard Bernstein y no a Leonrad Bernstein. Padre, perdónalos.

 

Me gusta María, pero también Cool, One hand one heart o Tonight. Me gustan porque me producen el mismo efecto que hace un millón de años.

Parecidos razonables

Parecidos razonables

De tocar el saxo como Lester Young. A Lester Young se le reían en las primeras orquestas que tocaba Lester Young porque ponía el aparato torcido y también se le reían por la forma del sonido que sacaba del saxofón. Padre, perdónales. Lester Young era el amor platónico de Billie Holiday o viceversa. No se tiene constancia de que llegaran a. No sé por qué pero me cuesta bien poco identificarme con Lester Young. Por todo. Sí lo sé, pero no lo digo.

 

Quizá lo hacía ya sólo por joder, lo de torcer el saxofón. Lester Young sería mi saxo si no hubiera nacido John Coltrane. Lester Young y el contracanto de Billie, año 1937. Prezz vacilaba a la gente con un lenguaje inventado. Lester Young ni era swing ni tampoco era del bop. Lester era como un puente romano: atemporal e infinito. El sombrero que llevaba Lester Young y que inspiró a Mingus para el Pork pie Hat.

 

La culpa siempre la tiene una mujer.

Tormenta

Tormenta

Twilight zone, Twilight time. Twilight zone, o Dimensión desconocida, que me acabo de ver el primer episodio de 1958, con las voces latinas del doblaje. Twilight time, una canción que cantan los Platters, sí reconozco que tengo discos, dos, de los Platters. La primera vez que escuché el Stormy Weather fue por los Platters, antes de escucharla por segunda vez en mi vida por Billie Holiday, en la banda sonora de Luz de luna, donde también escuché una canción que tengo prohibido escuchar si no quiero caer en otra dimensión desconocida que provoca la mala leche del amor. Esa cosa llamada amor, qué es, se decía el amigo Porter, Cole. Sí, tengo discos de los Platters.

En la colección Cine y música de Salvat del año 87 oí a los Platters cantar el Stormy weather. La versión en disco de la banda sonora del tema cantado por Billie estaba rayado durante esa canción y me añadía un plus de encanto oír al microsurco dar el salto en cada vuelta en el lugar mismo donde está dañado el acetato. Qué es esa puñetera y jodida cosa llamada amor. Algo tan imperfecto y maravilloso como una película de Truffaut.

Por fin hoy ha llovido, un poco de tormenta.

Dioses y monstruos

Dioses y monstruos

Trueba fue quien asimiló a Wilder por primera vez con Dios y tenía el hombre toda la razón. Lo que pasa es que esto del cine debe ser politeísta porque a mí me salen unos cuantos dioses más. No sé como habría que llamar a Kurosawa, por eso de que viene del Lejano Oriente, pero ya sea Dios,  Buda o Karma, el Kurosawa éste es la leche. Lo que daría porque vierais una obra maestra que tiene de menos de una hora que se llama Los hombres que caminan sobre la cola del tigre. O esa otra, Madadayo, su última. Traigo a Kurosawa porque quiero hablar de Toshiro Mifune y no se me ocurre hacerlo de otra manera. Sin rodeos ni historias.

 

Mifune es un fetiche del cine y del cine de Kurosawa. Ya eso. Y algo más también. Ya trasciende de lo puramente cinematográfico a lo más intrínsecamente cinéfilo. Los de Dogma hicieron una película que se llamaba Mifune sobre un retrasado mental que admiraba a Mifune. En la última película que me he visto, La fortaleza escondida, de Akira Kurosawa, Mifune se convierte en un icono de tales proporciones que se sitúa a la altura del Ethan de John Wayne en Centauros, o James Dean en tres películas sólo. O de la Marilyn forever. Lo que pasa es que viene del Oriente también y es lejano para muchos. Pero luego lo ves en Barbarroja o en Yogimbo o en cualquiera del millón de películas que hizo hasta su muerte y te das cuenta de que este tío, por múltiples razones, da miedo. Mucho miedo. O algo. A mí, lo que al final sea, me lo da. Como la Gioconda en no sé qué película, que me gustaría saber cuál es, en la que se nos ríe a todos (o todo es parte de mi leyenda fílmico-sentimental) con una carcajada sonora en el plano final de la película.

Mifune hizo unas películas específicas de samuráis famosos que algún día me dará por ver.

Sin vergüenza

Sin vergüenza

En el 97 vino Danilo Pérez a Zaragoza al Jazz Zaragoza. El Jazz Zaragoza es el festival de Zaragoza, pero no le llaman festival porque no es un festival sino actuaciones esparcidas en tres semanas. Ponen mesas-camilla y sirven comida, si la pagas. El salmón que me tomé un año me sentó como un tiro y desde entonces no he vuelto a comer salmón ni ahí ni en ningún sitio. Danilo Pérez es el pianista panameño que se incorporó a su banda el último Dizzy Gillespie. Danilo se trajo de contrabajo Reuben Rogers y de batería al único blanco de los tres, Jeff Ballard. Menudos dos, madre de mi vida

 

Llegó un momento en el que Danilo se dirigió al público en español. Estaban tocando Things ain’t what they used to be. Tema de Ellington Mercer, hijo de. En éstas que propone un juego: “yo les voy a tocar una parte del tema y ustedes responderán cómo sigue”. Danilo todo contento cumplió su palabra. Creo recordar, como si fuera ayer, que hubo un silencio más que sepulcral en la respuesta del público. Servidor, que de suyo es muy vergonzoso, sabía la respuesta de la continuación, pero no era cuestión de: a) ser el único en la sala que se pusiera a cantar; y b) en caso de haberme arrancado por peteneras, haber dejado en evidencia al entendido respetable.

 

Igual miento, puede que alguna voz, creo que femenina, se sabía también cómo acababa el Things ain’t...

Danilo en inglés dirigiéndose a Reuben y Jeff: "They don’t know".

En un par de minutos

En un par de minutos

En Infielmente tuya, la última película que me he visto, sale haciendo de mayordomo un actor que ya sale haciendo de mayordomo en una película de los cuatro Hnos. Marx, El conflicto de los Marx. El actor es desconocido, su cara es desconocida, lo sería también para mí de no haber visto estas dos películas que distan entre sí como 18 años. El actor, no pasaría nada si no dijera su nombre, se llama Robert Greig. Me gustó ver de nuevo en Infielmente tuya a Robert Greig. Es posible lo haya visto en alguna película más, ahora que pienso, porque ahora me entero de que, encima de que era australiano, salió en un millón de películas. Y de que Animal crackers, título original del conflicto marxista, era sólo la segunda película que hizo cuando ya tenía cumplidos los 50 años. Y que Infielmente tuya fue su penúltima. La coña es que, de ese millón de películas que hizo, en la mayoría estaba especializado en el papel de mayordomo. Aún cuando su papel fuera meramente testimonial, y en Infielmente tuya ni sale en créditos, Robert Greig podía estar tranquilo porque trabajo no le iba a faltar.

 

Hay actores españoles de los años 50, 60, que salen en otro millón de películas. La mayoría de las veces salen dos minutos, iban medio día al rodaje  y se ganaban el pan con la conciencia tranquila. Incluido el enrome Manuel Alexandre, quien en Bienvenido Mr. Marshall aparece tan sólo como figurante detrás de una mesa con una media sonrisa todavía hoy impagable. Muchas de ese millón de películas se nutrieron de la más grande y colosal generación de secundarios españoles de siempre.

 

Ahora me acuerdo de los actores exiliados españoles que salían en las películas mexicanas de Buñuel.

El susurro de Anas

El susurro de Anas

El Willow weep for me es uno de esos temas que puede pasar desapercibido en la lista de grandes temas de la historia jazz. Pero da la casualidad de que estoy escuchando el disco de un francés y un americano de 1956 y ese son de blues que irradia por los cuatro costados del tema. La canción la compuso Ann Ronnell cuando estaba enrollada con George Gershwin y las malas lenguas aseguran que fue de aquél la paternidad del Willow. Me da igual.

 

Speak low es de Kurt Weill cuando Kurt Weill estaba ya en América. Speak low la canta Ava Gardner aunque doblada en Venus era mujer y es otra de esas canciones que puedo escuchar una y otra vez sin parar sobre todo si la versión es cantada, en concreto la primera versión que escuché en mi vida de Speak low, que además fue la primera vez que escuché Speak low y que la canta Anita O’Day, otra de esas que escuchas cuando canta y te rindes a sus pies y  a su voz. Anita O’Day, otra de esas rubias maravillosas que ha parido el jazz. Ann Ronnell creó la BSO de Venus era mujer y le cambió las letras a algunas canciones previas, inclusive nuestro Speak low. Me da igual. Esa película en la que Ava Gardner se hizo diosa para la posteridad. Y el animal más bello, etc, etc.

 

El disco del francés y el americano se llama Afternoon in Paris. El francés es Sacha Distel antes de grabar música comercial y el americano es John Lewis, el cerebro del Modern Jazz Quartet y compositor de Django pensando en Django Reinhardt.

 

Si Anita era teñida, también me da igual.

Bandas animadas

Bandas animadas

Mafalda, Quino. Mi tocayo Miguelito que toca la trompeta, Mafalda que dice “¡BASTA CON ESA TROMPETITA! Silencio. Miguelito que pregunta: “¿El jazz te entristece?” En las series y los largos de Charlie Brown hay jazz. El tema principal de Carlitos (Carlitos sólo en España) lo compuso Vince Guaraldi, un italo-americano, músico de sesión en orquestas de los años 50, 60. Wynton Marsalis un día dijo que si quería oír jazz en casa tenía que esperar a que empezase Peanuts. El padre de Wynton es Ellis Marsalis y  toca el piano. El tema de Misión imposible, primero la serie, luego lo demás, lo compuso Lalo Schifrin, el argentino pianista que reclutó Dizzy Gillespie durante sus giras por el mundo. El tema es un 5/4, lo mismo que el Take five. Me gusta pensar que la pantera rosa se pone jazz en casa. También hay mucho jazz de big band en los “cartoon” antiguos de la Metro en B/N.

 

Ya dije un día que en una serie del año 87, que se llamaba El local de Frank, hay un tema del deep South que cantaba Louis Armstrong. Todavía dudo si es When it’s sleepy time down South. Y también dije que al juez Harry de Juzgado de guardia le gustaba Mel Torme y que por eso tenía una foto suya en su mesa, o colgada de la pared. Sigo sin recordarlo.

 

El título del libro que me estoy terminando también se llama Jazz.

 

Ahora que pienso, Mafalda vs. Carlitos.

Un poco loco

Un poco loco

Thelonious Monk compuso el 52nd street theme y se lo regaló a Bud Powell. Se lo regaló quiere decir que el padre del actual batería T. S. Monk nunca tocó el 52nd street theme. Bud Powell tenía una esquizofrenia destructiva reconocida médicamente y alimentada por el alcohol y más cosas. En el concierto del Massey Hall, Toronto, 1953, Bud Powell, dicen, tocó el piano sumido en fuertes dosis de licor espirituoso. La película de Tavernier Alrededor de la medianoche se basa en la vida de Lester Young pero también en la de Bud Powell. Muchos músicos americanos que se fueron a Europa desde siempre. Bud Powell llegaba a tocar en absoluta libertad, en la libertad que le daba Europa, temas de 45 minutos seguidos. Coltrane hizo, según confesión propia,  la mejor versión de su A love supreme en Antibes, después de haberla grabado en disco. Bud Powell se pegó internado en el 47 dos años en un sanatorio; en el 53 salió después de 17 meses de otra casa de locos. A powell le llamaban Buddah. El tratamiento era de puro electroshock. En total, cinco reclusiones. O su manager le obligaba a encerrarse en un apartamento porque, si no, Powell no iba a tocar a la sesión nocturna del club.

El tema Celia está dedicado a su hija y no parece el tema de un esquizofrénico y postrer enfermo de tuberculosis. Reivindico a Elmo Hope, amigo de Bud Powell y maldito del piano, al que escucha Federico Luppi en Martín (H).

Un día contaré una historia cojonuda que tengo de un pianista de Zaragoza.